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Eclesiastés
(Qohelet-Kohelet
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(Ec) Antiguo Testamento
“Vanidad de vanidades, todo es
vanidad” es la más famosa frase que parece encapsular el mensaje fundamental
de Eclesiastés, libro bíblico que la tradición judía relaciona con el rey
Salomón.
El rollo de Kohelet se lee el Shabat de Sucot
Capítulo 1
1 PALABRAS del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalem.
2
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo
vanidad.
3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con
que se afana debajo del sol?
4 Generación va, y generación viene:
mas la tierra siempre permanece.
5 Y sale el sol, y pónese el sol,
y con deseo vuelve á su lugar donde torna á nacer.
6 El viento
tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va girando de continuo, y á sus
giros torna el viento de nuevo.
7 Los ríos todos van á la mar, y
la mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para
correr de nuevo.
8 Todas las cosas andan en trabajo mas que el
hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se
hinchen de oír.
9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es
lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol.
10 ¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los
siglos que nos han precedido.
11 No hay memoria de lo que precedio,
ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.
12 Yo el Predicador fuí rey sobre Israel en Jerusalem.
13 Y dí
mi corazón á inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace
debajo del cielo: este penoso trabajo dio Dios á los hijos de los hombres,
en que se ocupen.
14 Yo miré todas las obras que se hacen debajo
del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.
15
Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse.
16
Hablé yo con mi corazón, diciendo: He aquí hállome yo engrandecido, y he
crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem; y
mi corazón ha percibido muchedumbre de sabiduría y ciencia.
17 Y
dí mi corazón á conocer la sabiduría, y también á entender las locuras y los
desvaríos: conocí que aun esto era aflicción de espíritu.
18
Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia,
añade dolor.
Capítulo 2
1 DIJE yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de
bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.
2 A la risa dije:
Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?
3 Propuse en mi
corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría,
con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de
los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su
vida.
4 Engrandecí mis obras, edifiquéme casas, plantéme viñas;
5 Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos;
6 Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde los
árboles crecían.
7 Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de
familia; también tuve posesión grande de vacas y ovejas, sobre todos los que
fueron antes de mí en Jerusalem;
8 Alleguéme también plata y oro,
y tesoro preciado de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y
los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de todas
suertes.
9 Y fui engrandecido, y aumentado más que todos los que
fueron antes de mí en Jerusalem: a más de esto perseveró conmigo mi
sabiduría.
10 No negué á mis ojos ninguna cosa que desearan, ni
aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi
trabajo: y ésta fue mi parte de toda mi faena.
11 Miré yo luego
todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacer
las: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho
debajo del sol.
12 Después torné yo á mirar para ver la sabiduría
y los desvaríos y la necedad; (porque ¿qué hombre hay que pueda seguir al
rey en lo que ya hicieron?)
13 Y he visto que la sabiduría
sobrepuja á la necedad, como la luz á las tinieblas.
14 El sabio
tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas: empero también
entendí yo que un mismo suceso acaecerá al uno que al otro.
15
Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio me sucederá también á
mí: ¿para qué pues he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en
mi corazón, que también esto era vanidad.
16 Porque ni del sabio
ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo
será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.
17
Aborrecí por tanto la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era
fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.
18
Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del
sol; el cual dejaré á otro que vendrá después de mí.
19 ¿Y quién
sabe si será sabio, ó necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que
yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es
vanidad.
20 Tornéme por tanto á desesperanzar mi corazón acerca de
todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi
sabiduría.
21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia,
y con rectitud, y que haya de dar su hacienda á hombre que nunca trabajó en
ello! También es esto vanidad y mal grande.
22 Porque ¿qué tiene
el hombre de todo su trabajo, y fatiga de su corazón, con que debajo del sol
él se afanara?
23 Porque todos sus días no son sino dolores, y sus
trabajos molestias: aun de noche su corazón no reposa. Esto también es
vanidad.
24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba,
y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es
de la mano de Dios.
25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará,
mejor que yo?
26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da
sabiduría y ciencia y gozo, mas al pecador da trabajo, el que allegue y
amontone, para que dé al que agrada á Dios. También esto es vanidad y
aflicción de espíritu.
Capítulo 3
1 PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del
cielo, tiene su tiempo:
2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir;
tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3 Tiempo de
matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;
4
Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
5 Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo
de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar;
6 Tiempo de agenciar,
y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar;
7
Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
8 Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de
paz.
9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja en lo que trabaja?
10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado á los hijos de los hombres
para que en él se ocupasen.
11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo:
y aun el mundo dio en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la
obra de Dios desde el principio hasta el cabo.
12 Yo he conocido
que no hay mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida:
13 Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el
bien de toda su labor.
14 He entendido que todo lo que Dios hace,
ésto será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y
hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres.
15 Aquello
que fue, ya es: y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.
16 Ví más debajo del sol: en lugar del juicio, allí la impiedad; y en
lugar de la justicia, allí la iniquidad.
17 Y dije yo en mi
corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay tiempo á todo lo
que se quiere y sobre todo lo que se hace.
18 Dije en mi corazón,
en orden á la condición de los hijos de los hombres, que Dios los probaría,
para que así echaran de ver ellos mismos que son semejantes á las bestias.
19 Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal,
el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma
respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo
es vanidad.
20 Todo va á un lugar: todo es hecho del polvo, y todo
se tornará en el mismo polvo.
21 ¿Quién sabe que el espíritu de
los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda
debajo de la tierra?
22 Así que he visto que no hay cosa mejor que
alegrarse el hombre con lo que hiciere; porque esta es su parte: porque
¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?
Capítulo 4
1 Y TORNEME yo, y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol: y
he aquí las lágrimas de los oprimidos, y sin tener quien los consuele; y la
fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.
2 Y alabé yo los finados que ya murieron, más que los vivientes que hasta
ahora están vivos.
3 Y tuve por mejor que unos y otros al que no
ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.
4 Visto he asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras mueve la
envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de
espíritu.
5 El necio dobla sus manos y come su carne.
6
Mas vale el un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y
aflicción de espíritu.
7 Yo me torné otra vez, y vi vanidad debajo
del sol.
8 Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni
hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas,
ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También
esto es vanidad, y duro trabajo.
9 Mejores son dos que uno; porque
tienen mejor paga de su trabajo.
10 Porque si cayeren, el uno
levantará á su compañero: mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá
segundo que lo levante.
11 También si dos durmieren juntos, se
calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo?
12 Y si alguno
prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces
no presto se rompe.
13 Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el
rey viejo y fatuo que no sabe ser aconsejado.
14 Porque de la
cárcel salió para reinar; mientras el nacido en su reino se hizo pobre.
15 Vi todos los vivientes debajo del sol caminando con el muchacho,
sucesor, que estará en lugar de aquél.
16 No tiene fin todo el
pueblo que fue antes de ellos: tampoco los que vendrán después estarán con
él contentos. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.
Capítulo
5
1 CUANDO fueres á la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír
que para dar el sacrificio de los necios: porque no saben que hacen mal.
2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure á proferir
palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra:
por tanto, sean pocas tus palabras.
3 Porque de la mucha ocupación
viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.
4
Cuando á Dios hicieres promesa, no tardes en pagarla; porque no se agrada de
los insensatos. Paga lo que prometieres.
5 Mejor es que no
prometas, que no que prometas y no pagues.
6 No sueltes tu boca
para hacer pecar á tu carne; ni digas delante del ángel, que fue ignorancia.
¿Por qué harás que Dios se aire á causa de tu voz, y que destruya la obra de
tus manos?
7 Donde los sueños son en multitud, también lo son las
vanidades y muchas las palabras; mas tú teme á Dios.
8 Si
violencias de pobres, y extorsión de derecho y de justicia vieres en la
provincia, no te maravilles de esta licencia; porque alto está mirando sobre
alto, y uno más alto está sobre ellos.
9 Además el provecho de la
tierra es para todos: el rey mismo está sujeto á los campos.
10 El
que ama el dinero, no se hartará de dinero; y el que ama el mucho tener, no
sacará fruto. También esto es vanidad.
11 Cuando los bienes se
aumentan, también se aumentan sus comedores. ¿Qué bien, pues, tendrá su
dueño, sino ver los con sus ojos?
12 Dulce es el sueño del
trabajador, ora coma mucho ó poco; mas al rico no le deja dormir la hartura.
13 Hay una trabajosa enfermedad que he visto debajo del sol: las riquezas
guardadas de sus dueños para su mal;
14 Las cuales se pierden en
malas ocupaciones, y á los hijos que engendraron nada les queda en la mano.
15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así se vuelve, tornando
como vino; y nada tuvo de su trabajo para llevar en su mano.
16
Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le
aprovechó trabajar al viento?
17 Demás de esto, todos los días de
su vida comerá en tinieblas, con mucho enojo y dolor y miseria.
18
He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer y beber, y gozar
uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los
días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.
19
Asimismo, á todo hombre á quien Dios dio riquezas y hacienda, y le dio
también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce su trabajo;
esto es don de Dios.
20 Porque no se acordará mucho de los días de
su vida; pues Dios le responderá con alegría de su corazón.
Capítulo
6
1 HAY un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los
hombres:
2 Hombre á quien Dios dio riquezas, y hacienda, y honra,
y nada le falta de todo lo que su alma desea; mas Dios no le dio facultad de
comer de ello, sino que los extraños se lo comen. Esto vanidad es, y
enfermedad trabajosa.
3 Si el hombre engendrare ciento, y viviere
muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se hartó
del bien, y también careció de sepultura, yo digo que el abortivo es mejor
que él.
4 Porque en vano vino, y á tinieblas va, y con tinieblas
será cubierto su nombre.
5 Aunque no haya visto el sol, ni
conocido nada, más reposo tiene éste que aquél.
6 Porque si
viviere aquel mil años dos veces, si no ha gozado del bien, cierto todos van
á un lugar.
7 Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con
todo eso su alma no se harta.
8 Porque ¿qué más tiene el sabio que
el necio? ¿qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?
9
Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y
aflicción de espíritu.
10 El que es, ya su nombre ha sido
nombrado; y se sabe que es hombre, y que no podrá contender con el que es
más fuerte que él.
11 Ciertamente las muchas palabras multiplican
la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?
12 Porque ¿quién sabe cuál
es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad,
los cuales él pasa como sombra? Porque ¿quién enseñará al hombre qué será
después de él debajo del sol?
Capítulo 7
1 MEJOR es la buena fama que el buen ungüento; y el día de la muerte que
el día del nacimiento.
2 Mejor es ir á la casa del luto que á la
casa del convite: porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que
vive parará mientes.
3 Mejor es el enojo que la risa: porque con
la tristeza del rostro se enmendará el corazón.
4 El corazón de
los sabios, en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la
casa del placer.
5 Mejor es oír la reprensión del sabio, que la
canción de los necios.
6 Porque la risa del necio es como el
estrépito de las espinas debajo de la olla. Y también esto es vanidad.
7 Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio: y el presente
corrompe el corazón.
8 Mejor es el fin del negocio que su
principio: mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.
9 No te apresures en tu espíritu á enojarte: porque la ira en el seno de
los necios reposa.
10 Nunca digas: ¿Qué es la causa que los
tiempos pasados fueron mejores que éstos? Porque nunca de esto preguntarás
con sabiduría.
11 Buena es la ciencia con herencia; y más á los
que ven el sol.
12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el
dinero: mas la sabiduría excede en que da vida á sus poseedores.
13
Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
14 En el día del bien goza del bien; y en el día del mal considera. Dios
también hizo esto delante de lo otro, porque el hombre no halle nada tras de
él.
15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que
perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días.
16 No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso: ¿por qué te
destruirás?
17 No hagas mal mucho, ni seas insensato: ¿por qué
morirás antes de tu tiempo?
18 Bueno es que tomes esto, y también
de estotro no apartes tu mano; porque el que á Dios teme, saldrá con todo.
19 La sabiduría fortifica al sabio más que diez poderosos la ciudad en
que fueron.
20 Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que
haga bien y nunca peque.
21 Tampoco apliques tu corazón á todas
las cosas que se hablaren, porque no oigas á tu siervo que dice mal de ti:
22 Porque tu corazón sabe, como tú también dijiste mal de otros muchas
veces.
23 Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Hacerme
he sabio: mas ella se alejó de mí.
24 Lejos está lo que fue; y lo
muy profundo ¿quién lo hallará?
25 Yo he rodeado con mi corazón
por saber, y examinar, é inquirir la sabiduría, y la razón; y por conocer la
maldad de la insensatez, y el desvarío del error;
26 Y yo he
hallado más amarga que la muerte la mujer, la cual es redes, y lazos su
corazón; sus manos como ligaduras. El que agrada á Dios escapará de ella;
mas el pecador será preso en ella.
27 He aquí, esto he hallado,
dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón;
28 Lo que aun busca mi alma, y no encuentro: un hombre entre mil he
hallado; mas mujer de todas éstas nunca hallé.
29 He aquí,
solamente he hallado esto: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron
muchas cuentas.
Capítulo 8
1 ¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las
cosas? La sabiduría del hombre hará relucir su rostro, y mudárase la
tosquedad de su semblante.
2 Yo te aviso que guardes el
mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios.
3 No te
apresures á irte de delante de él, ni en cosa mala persistas; porque él hará
todo lo que quisiere:
4 Pues la palabra del rey es con potestad,
¿y quién le dirá, Qué haces?
5 El que guarda el mandamiento no
experimentará mal; y el tiempo y el juicio conoce el corazón del sabio.
6 Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; mas el trabajo
del hombre es grande sobre él;
7 Porque no sabe lo que ha de ser;
y el cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?
8 No hay hombre
que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad
sobre el día de la muerte: y no valen armas en tal guerra; ni la impiedad
librará al que la posee.
9 Todo esto he visto, y puesto he mi
corazón en todo lo que debajo del sol se hace: hay tiempo en que el hombre
se enseñorea del hombre para mal suyo.
10 Esto vi también: que los
impíos sepultados vinieron aún en memoria; mas los que partieron del lugar
santo, fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde con rectitud habían
obrado. Esto también es vanidad.
11 Porque no se ejecuta luego
sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en
ellos lleno para hacer mal.
12 Bien que el pecador haga mal cien
veces, y le sea dilatado el castigo, con todo yo también sé que los que á
Dios temen tendrán bien, los que temieren ante su presencia;
13 Y
que el impío no tendrá bien, ni le serán prolongados los días, que son como
sombra; por cuanto no temió delante de la presencia de Dios.
14
Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos á quienes sucede
como si hicieran obras de impíos; y hay impíos á quienes acaece como si
hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.
15 Por
tanto alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino
que coma y beba, y se alegre; y que esto se le quede de su trabajo los días
de su vida que Dios le dio debajo del sol.
16 Yo pues di mi
corazón á conocer sabiduría, y á ver la faena que se hace sobre la tierra;
(porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en su ojos;)
17 Y
he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra
que debajo del sol se hace; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no
la hallará: aunque diga el sabio que la sabe, no por eso podrá alcanzarla.
Capítulo 9
1 CIERTAMENTE dado he mi corazón á todas estas cosas, para declarar todo
esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y
que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que pasa delante de
él.
2 Todo acontece de la misma manera á todos: un mismo suceso
ocurre al justo y al impío; al bueno y al limpio y al no limpio; al que
sacrifica, y al que no sacrifica: como el bueno, así el que peca; el que
jura, como el que teme el juramento.
3 Este mal hay entre todo lo
que se hace debajo del sol, que todos tengan un mismo suceso, y también que
el corazón de los hijos de los hombres esté lleno de mal, y de
enloquecimiento en su corazón durante su vida: y después, á los muertos.
4 Aún hay esperanza para todo aquél que está entre los vivos; porque
mejor es perro vivo que león muerto.
5 Porque los que viven saben
que han de morir: mas los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su
memoria es puesta en olvido.
6 También su amor, y su odio y su
envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se
hace debajo del sol.
7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu
vino con alegre corazón: porque tus obras ya son agradables á Dios.
8
En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu
cabeza.
9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de
la vida de tu vanidad, que te son dados debajo del sol, todos los días de tu
vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te
afanas debajo del sol.
10 Todo lo que te viniere á la mano para
hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay
obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.
11 Tornéme, y vi
debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los
fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni
de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontece á todos.
12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo: como los peces que son
presos en la mala red, y como las aves que se prenden en lazo, así son
enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente
sobre ellos.
13 También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual
me parece grande:
14 Una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella;
y viene contra ella un gran rey, y cércala, y edifica contra ella grandes
baluartes:
15 Y hállase en ella un hombre pobre, sabio, el cual
libra la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre.
16 Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fortaleza; aunque la
ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.
17 Las palabras del sabio con reposo son oídas, más que el clamor del
señor entre los necios.
18 Mejor es la sabiduría que las armas de
guerra; mas un pecador destruye mucho bien.
Capítulo
10
1 LAS moscas muertas hacen heder y dar mal olor el perfume del
perfumista: así una pequeña locura, al estimado por sabiduría y honra.
2 El corazón del sabio está á su mano derecha; mas el corazón del necio á
su mano izquierda.
3 Y aun mientras va el necio por el camino,
falta le, su cordura, y dice á todos, que es necio.
4 Si el
espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la
lenidad hará cesar grandes ofensas.
5 Hay un mal que debajo del
sol he visto, á manera de error emanado del príncipe:
6 La necedad
está colocada en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo.
7 Vi siervos en caballos, y príncipes que andaban como siervos sobre la
tierra.
8 El que hiciere el hoyo caerá en él; y el que aportillare
el vallado, morderále la serpiente.
9 El que mudare las piedras,
trabajo tendrá en ellas: el que cortare la leña, en ella peligrará.
10 Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir
entonces más fuerza: empero excede la bondad de la sabiduría.
11
Muerde la serpiente cuando no está encantada, y el lenguaraz no es mejor.
12 Las palabras de la boca del sabio son gracia; mas los labios del necio
causan su propia ruina.
13 El principio de las palabras de su boca
es necedad; y el fin de su charla nocivo desvarío.
14 El necio
multiplica palabras: no sabe hombre lo que ha de ser; ¿y quién le hará saber
lo que después de él será?
15 El trabajo de los necios los fatiga;
porque no saben por dónde ir á la ciudad.
16 ¡Ay de ti, tierra,
cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes comen de mañana!
17
¡Bienaventurada, tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus
príncipes comen á su hora, por refección, y no por el beber!
18
Por la pereza se cae la techumbre, y por flojedad de manos se llueve la
casa.
19 Por el placer se hace el convite, y el vino alegra los
vivos: y el dinero responde á todo.
20 Ni aun en tu pensamiento
digas mal del rey, ni en los secretos de tu cámara digas mal del rico;
porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber
la palabra.
Capítulo 11
1 ECHA tu pan sobre las aguas; que después de muchos días lo hallarás.
2 Reparte á siete, y aun á ocho: porque no sabes el mal que vendrá sobre
la tierra.
3 Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra
la derramarán: y si el árbol cayere al mediodía, ó al norte, al lugar que el
árbol cayere, allí quedará.
4 El que al viento mira, no sembrará;
y el que mira á las nubes, no segará.
5 Como tú no sabes cuál es
el camino del viento, ó como se crían los huesos en el vientre de la mujer
preñada, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.
6
Por la mañana siembra tu simiente, y á la tarde no dejes reposar tu mano:
porque tú no sabes cuál es lo mejor, si esto ó lo otro, ó si ambas á dos
cosas son buenas.
7 Suave ciertamente es la luz, y agradable á los
ojos ver el sol:
8 Mas si el hombre viviere muchos años, y en
todos ellos hubiere gozado alegría; si después trajere á la memoria los días
de las tinieblas, que serán muchos, todo lo que le habrá pasado, dirá haber
sido vanidad.
9 Alégrate, mancebo, en tu mocedad, y tome placer tu
corazón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu corazón, y
en la vista de tus ojos: mas sabe, que sobre todas estas cosas te traerá
Dios á juicio.
10 Quita pues el enojo de tu corazón, y aparta el
mal de tu carne: porque la mocedad y la juventud son vanidad.
Capítulo 12
1 Y ACUÉRDATE de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan
los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos
contentamiento;
2 Antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la
luna y las estrellas, y las nubes se tornen tras la lluvia:
3
Cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres
fuertes, y cesarán las muelas, porque han disminuido, y se oscurecerán los
que miran por las ventanas;
4 Y las puertas de afuera se cerrarán,
por la bajeza de la voz de la muela; y levantaráse á la voz del ave, y todas
las hijas de canción serán humilladas;
5 Cuando también temerán de
lo alto, y los tropezones en el camino; y florecerá el almendro, y se
agravará la langosta, y perderáse el apetito: porque el hombre va á la casa
de su siglo, y los endechadores andarán en derredor por la plaza:
6
Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el
cántaro se quiebre junto á la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;
7 Y el polvo se torne á la tierra, como era, y el espíritu se vuelva á
Dios que lo dio.
8 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo
vanidad.
9 Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó
sabiduría al pueblo; é hizo escuchar, é hizo escudriñar, y compuso muchos
proverbios.
10 Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y
escritura recta, palabras de verdad.
11 Las palabras de los sabios
son como aguijones; y como clavos hincados, las de los maestros de las
congregaciones, dadas por un Pastor.
12 Ahora, hijo mío, á más de
esto, sé avisado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio
aflicción es de la carne.
13 El fin de todo el discurso oído es
este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del
hombre.
14 Porque Dios traerá toda obra á juicio, el cual se hará
sobre toda cosa oculta, buena ó mala.
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