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Respuesta: El
señor de las moscas
Autor: William
Golding
Escritor británico
Nació el 19 de septiembre de 1911 en Cornualles. Cursó estudios en la
Universidad de Oxford, donde posteriormente impartió seminarios de lengua
inglesa. Pasó algunos años en el teatro, como actor y como autor, aunque
prefirió dedicarse a la enseñanza y comenzó a trabajar como maestro de
escuela, profesión que abandonó al alistarse en la Marina durante la Segunda
Guerra Mundial. Tomó parte, hasta que se graduó como teniente al término de
la misma, en varias acciones navales como el hundimiento del Bismarck o el
desembarco de Normandía, hechos que influyeron notablemente en su obra. A
pesar de haber decidido ser escritor a los siete años, no publicó hasta 1934
una colección de poemas, pero su verdadero debut literario no fue sino hasta
1954, cuando publicó El señor de las moscas (1954), cuya versión
cinematográfica dirigió Peter Brook en 1963, gozó de un gran éxito. Se trata
de una alegoría de la innata crueldad del ser humano, basada en las
experiencias del propio autor durante la guerra. En ella se cuenta la
historia de un grupo de escolares que, como consecuencia de un accidente de
aviación, han de vivir en una isla desierta. Tras esta novela aparecieron
otras en las que el autor trataba temas similares, siempre relacionados con
el bien y el mal: Los herederos (1955) y Martín el náufrago (1959) entre
ellas. Muchos de sus textos exploran las reacciones de las personas cuando
son sometidas a situaciones extremas. Su trilogía Ritos de paso (1980,
ganadora del Premio de la Asociación de Libreros), Barrios cerrados (1987),
y Los fuegos de abajo (1989), dejan entrever su pasión por el mar y la
navegación. Entre sus restantes obras se cuentan dos colecciones de ensayos,
Puertas ardientes (1965) y Un blanco móvil (1982), así como una obra de
teatro, The Brass Butterfly (1958). En el año 1983 le concedieron el Premio
Nobel de Literatura y en 1988 fue nombrado sir. Falleció el 18 de junio de
1993 dejando el borrador de una novela que se publicaría a título póstumo,
La lengua oculta. |