Tenor italiano
Nombre completo: Luciano Pavarotti
Padres: Fernando Pavarotti y Adele Venturi
Cónyuges: Adua Veroni (1961-2000) y Nicoletta Mantovani (2003-2007)
Hijos: Lorenza, Cristina, Giuliana y Alice
Conocido por: La bohème, La fille du régiment, «Nessun dorma» y Los Tres Tenores
Reconocimientos: cinco premios Grammy; Grammy Legend Award (1998); Kennedy Center Honors (2001)
Luciano Pavarotti nació en Módena, Italia, el 12 de octubre de 1935. Tenor lírico de timbre claro, dicción precisa y excepcional seguridad en el registro agudo, desarrolló una de las carreras operísticas más difundidas del siglo XX. Durante más de tres décadas actuó en los principales teatros internacionales y, en la segunda mitad de su vida, alcanzó algo infrecuente para un cantante de ópera: su voz, su rostro y hasta el pañuelo blanco con el que aparecía en los recitales llegaron a ser reconocibles para millones de personas que apenas conocían el repertorio lírico.
Infancia y formación
Fue hijo de Fernando Pavarotti, panadero y tenor aficionado, y de Adele Venturi, trabajadora de una fábrica de tabaco. Durante la Segunda Guerra Mundial la familia abandonó temporalmente Módena y se instaló en el campo. En casa escuchaba los discos de su padre, especialmente grabaciones de Enrico Caruso, Beniamino Gigli, Tito Schipa y Giuseppe Di Stefano.
Cantó junto a Fernando en la Corale Gioachino Rossini de Módena, pero durante un tiempo dudó entre distintas profesiones. Se tituló como maestro y trabajó brevemente en una escuela primaria antes de decidir que intentaría dedicarse al canto.
En 1954 comenzó a estudiar con Arrigo Pola y posteriormente con Ettore Campogalliani. En aquellos años coincidió con Mirella Freni, amiga desde la infancia y futura soprano de referencia, con quien compartiría después escenarios y grabaciones fundamentales.
La formación fue lenta y disciplinada. Pavarotti tardó varios años en encontrar una técnica suficientemente segura y durante un periodo llegó a sufrir un engrosamiento de las cuerdas vocales que le hizo plantearse abandonar. Tras superar aquella dificultad, su voz adquirió la libertad y la proyección que caracterizarían su primera madurez.
Del debut al Metropolitan
Después de ganar el Concurso Internacional Achille Peri, debutó profesionalmente el 29 de abril de 1961 como Rodolfo en La bohème de Puccini, en Reggio Emilia. El personaje quedó asociado a él durante toda su carrera y reunía buena parte de sus mejores cualidades: línea lírica, claridad de emisión y capacidad para ascender al agudo sin que el esfuerzo pareciera dominar la frase.
Su progresión internacional fue rápida. Actuó en Viena y en 1963 debutó en el Royal Opera House de Londres sustituyendo a Giuseppe Di Stefano, nuevamente como Rodolfo. Dos años después apareció en La Scala de Milán.
Una relación artística decisiva fue la que estableció con Joan Sutherland y su marido, el director Richard Bonynge. Durante una extensa gira por Australia, Pavarotti observó de cerca la técnica respiratoria de la soprano y reconocería después la influencia que tuvo sobre su propio canto. Junto a Sutherland desarrolló una parte esencial del repertorio belcantista que cimentó su prestigio.
Debutó en el Metropolitan Opera de Nueva York en 1968 con La bohème. A partir de entonces mantuvo una relación de más de tres décadas con el teatro, donde interpretó una veintena de papeles y realizó casi cuatrocientas actuaciones entre óperas, conciertos y galas.
El «rey de los do de pecho»
El momento que consolidó definitivamente su fama estadounidense llegó en 1972 con La fille du régiment, de Donizetti. En el aria «Ah! mes amis», su personaje debe afrontar una célebre sucesión de nueve do agudos. La brillantez con que los resolvía provocó una respuesta extraordinaria del público del Metropolitan y diecisiete salidas a escena.
Desde entonces quedó asociado al sobrenombre de «rey de los do de pecho».
Su repertorio más natural se encontraba en Donizetti, Bellini, Puccini y determinados papeles de Verdi. Rodolfo en La bohème, Nemorino en L'elisir d'amore, el Duque de Mantua de Rigoletto, Cavaradossi en Tosca y Riccardo en Un ballo in maschera figuraron entre sus interpretaciones más características.
Pavarotti no fue un actor especialmente transformista ni construyó sus personajes mediante una compleja elaboración teatral. Su principal instrumento dramático era la voz: el brillo del timbre, la inteligibilidad del italiano, el fraseo expansivo y una forma de proyectar la melodía directamente hacia el público.
A medida que envejeció abordó algunos papeles de mayor peso y amplió parcialmente el repertorio, aunque sus mejores resultados continuaron ligados a la escritura lírica. Su catálogo escénico fue, además, relativamente reducido para un tenor de una carrera tan prolongada. Prefirió mantener aquellos papeles en los que podía explotar sus cualidades más reconocibles antes que construir un repertorio especialmente amplio.
Las grabaciones y una voz reproducible
La importancia de Pavarotti no puede entenderse solo desde el escenario. Su larga relación con Decca convirtió su voz en una de las más registradas y difundidas de la segunda mitad del siglo XX.
Entre sus grabaciones operísticas sobresale La bohème registrada en 1972 con Mirella Freni y la Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan. También tuvieron amplia difusión sus colaboraciones con Joan Sutherland en títulos de Donizetti, Bellini y Verdi.
Las grabaciones permitieron que el Pavarotti de los años sesenta y setenta —cuando la voz se encontraba en su mayor frescura— continuara circulando mucho después de que su instrumento comenzara a cambiar. Esa permanencia discográfica explica en parte que la imagen pública del cantante terminara construyéndose simultáneamente sobre actuaciones presentes y registros realizados décadas atrás.
En 1990 apareció The Essential Pavarotti. El recopilatorio entró en las listas británicas en marzo y alcanzó el número uno durante cuatro semanas en pleno Mundial de fútbol, un resultado prácticamente insólito para un álbum centrado en repertorio operístico.
1990: la ópera entra en el estadio
El 7 de julio de 1990, víspera de la final del Mundial de Italia, Pavarotti actuó en las Termas de Caracalla de Roma junto a Plácido Domingo y José Carreras, bajo la dirección de Zubin Mehta.
El concierto de Los Tres Tenores se convirtió en un acontecimiento internacional y su grabación alcanzó unas ventas excepcionales para la música clásica. La fórmula volvió a repetirse en los mundiales de Los Ángeles en 1994, París en 1998 y Yokohama en 2002.
«Nessun dorma», de Turandot, adquirió entonces una vida independiente de la ópera a la que pertenecía. La interpretación de Pavarotti y el «Vincerò» final quedaron asociados al fútbol, las retransmisiones televisivas y las grandes ceremonias hasta convertirse en uno de los fragmentos operísticos más reconocibles del mundo.
El fenómeno se trasladó a conciertos de dimensiones antes poco habituales para un tenor. En 1991 cantó ante unas 150.000 personas en Hyde Park, Londres. En 1993 reunió a una audiencia estimada en alrededor de 500.000 personas en Central Park, Nueva York.
Aquella expansión provocó también una discusión dentro del mundo operístico. Para sus defensores, Pavarotti había derribado barreras sociales y culturales que alejaban al público de la ópera. Para parte de la crítica especializada, los estadios, la amplificación, las colaboraciones con estrellas del pop y la creciente explotación de su imagen convertían al cantante en un producto mediático cada vez más distante del teatro de ópera.
Ambas interpretaciones contienen una parte de su trayectoria. Pavarotti no abandonó la lírica, pero desde los años noventa su celebridad dejó de depender exclusivamente de ella.
Pavarotti & Friends
Desde 1992 organizó en Módena los conciertos Pavarotti & Friends, que reunieron ópera, pop y rock. Compartió escenario con artistas como Bono, Sting, Elton John, Eric Clapton, Céline Dion, Mariah Carey, Bryan Adams y Zucchero.
Los conciertos tuvieron además una finalidad humanitaria y recaudaron fondos para niños, refugiados y víctimas de distintos conflictos. En 1998 fue nombrado Mensajero de la Paz de las Naciones Unidas y en 2001 recibió el Premio Nansen por su labor a favor de los refugiados.
Su voluntad de trabajar fuera de la ópera tuvo resultados desiguales. En 1982 protagonizó la película musical Yes, Giorgio, concebida como vehículo cinematográfico para su popularidad pero recibida con escaso entusiasmo. También cultivó durante años la pintura y comercializó algunas de sus obras.
Éxito, desgaste y controversias
La dimensión industrial de su carrera aumentó a medida que disminuía su presencia regular en producciones operísticas. Los recitales, las giras internacionales y los conciertos multitudinarios ofrecían enormes audiencias, pero exigían también una agenda difícil de sostener.
Durante la etapa final se produjeron cancelaciones que deterioraron su relación con algunos teatros y provocaron críticas cuando eran comunicadas con poca antelación. Una cancelación de Tosca en el Metropolitan en 2002, anunciada poco antes de una gala concebida como despedida, tuvo especial repercusión. Dos años después regresó finalmente al teatro neoyorquino para interpretar por última vez a Cavaradossi.
Su extraordinario éxito económico tuvo también una vertiente menos artística. Durante años mantuvo una disputa con la Hacienda italiana por considerar el cantante que su residencia fiscal se encontraba en Montecarlo. En 2000 alcanzó un acuerdo económico para regularizar las cantidades reclamadas, mientras las cuestiones judiciales vinculadas al caso siguieron su propio recorrido.
Estos episodios formaron parte de la transformación de Pavarotti en algo más que un cantante: una celebridad internacional sometida a una exposición pública que alcanzaba sus actuaciones, sus negocios y su vida privada.
Vida personal
En 1961 se casó con Adua Veroni, a quien conocía desde su juventud. Tuvieron tres hijas: Lorenza, Cristina y Giuliana. El matrimonio acompañó prácticamente toda la primera etapa de su carrera internacional, pero terminó deteriorándose durante los años noventa.
Pavarotti inició entonces una relación con Nicoletta Mantovani, que había trabajado como asistente en su entorno profesional y era treinta y cuatro años menor que él. La relación recibió una intensa atención mediática y contribuyó a la ruptura definitiva de su primer matrimonio. Pavarotti y Adua se divorciaron en 2000.
En enero de 2003, Mantovani dio a luz a dos gemelos; el niño, Riccardo, murió al nacer y sobrevivió su hermana Alice. Pavarotti y Mantovani contrajeron matrimonio en diciembre de ese mismo año.
Últimos años
Su última representación operística en el Metropolitan tuvo lugar el 13 de marzo de 2004 con Tosca. Para entonces sus apariciones se habían hecho más espaciadas y los problemas físicos condicionaban cada vez más su actividad.
El 10 de febrero de 2006 apareció en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín para interpretar «Nessun dorma». Fue presentada como una actuación en directo y se convirtió en su última gran aparición musical ante una audiencia mundial.
Después de su muerte, su pianista y director Leone Magiera reveló que la interpretación había sido grabada previamente y Pavarotti había sincronizado sus movimientos con el sonido durante la ceremonia. Su estado físico y las bajas temperaturas de una noche de febrero hacían demasiado arriesgada una interpretación en directo. La escena resulta casi simbólica del final de su carrera: el cantante estaba físicamente debilitado, pero la voz registrada seguía siendo capaz de producir el efecto que el público esperaba.
En julio de 2006 fue operado de un cáncer de páncreas en Nueva York. La enfermedad impidió completar la gira mundial de despedida que había comenzado años antes.
Luciano Pavarotti murió en su casa de Módena el 6 de septiembre de 2007, a los 71 años. Dos días después se celebró su funeral en la catedral de la ciudad, seguido por decenas de miles de personas y retransmitido internacionalmente.
Grabaciones esenciales
- La bohème, de Puccini, con Mirella Freni y Herbert von Karajan.
- Lucia di Lammermoor, de Donizetti, con Joan Sutherland y Richard Bonynge.
- Rigoletto, de Verdi, con Joan Sutherland, Sherrill Milnes y Richard Bonynge.
- Carreras Domingo Pavarotti in Concert, grabación del primer concierto de Los Tres Tenores en Roma.
- The Essential Pavarotti, recopilación que alcanzó el número uno en las listas británicas en 1990.
Legado
Pavarotti obtuvo cinco premios Grammy competitivos y recibió además el Grammy Legend Award en 1998. Fue distinguido con los Kennedy Center Honors en 2001 y acumuló numerosos reconocimientos internacionales.
Su influencia, sin embargo, se entiende mejor distinguiendo dos fenómenos que a menudo se confunden. Pavarotti no convirtió necesariamente a millones de espectadores ocasionales en aficionados regulares a la ópera. Lo que consiguió fue otra cosa: convertir la voz operística —y concretamente la figura del tenor— en un objeto reconocible de la cultura popular mundial.
Una persona podía no haber visto nunca Turandot, ignorar quién era Calaf y, sin embargo, reconocer el comienzo de «Nessun dorma». Podía no distinguir a Donizetti de Bellini y saber quién era Pavarotti.
Ese desplazamiento constituye quizá su singularidad histórica más duradera. No hizo popular la ópera entera; hizo popular al tenor de ópera en una escala que muy pocos cantantes líricos han alcanzado antes o después de él.