Biografía de Jaime Sabines
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Jaime Sabines

(1926/03/25 - 1999/03/19)

Jaime Sabines

Poeta mexicano

  • Uno de los poetas mexicanos más reconocidos del siglo XX.
  • Obras: Algo sobre la muerte del mayor Sabines, La señal, Adán y Eva...
  • Género: Poesía
  • Partido político: Partido Revolucionario Institucional
  • Padres: Julio Sabines y Luz Gutiérrez Moguel
  • Cónyuge: Josefa Rodríguez Zebadúa (m. 1953–1999)
  • Hijos: Julio, Julieta, Judith, Jazmín
  • Nombre: Jaime Sabines Gutiérrez

Jaime Sabines nació el 25 de marzo de 1926 en Tuxtla Gutiérrez, estado de Chiapas.

Hijo de Luz Gutiérrez Moguel y Julio Sabines, un inmigrante de origen libanés. Tuvo dos hermanos, Juan y Jorge.

Cursó estudios de Medicina y Letras en la Universidad Nacional.


Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983. En 1994 es distinguido con la medalla "Belisario Domínguez".

Autor de Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba (1956), Yuria (1967), Maltiempo (1972), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) y Uno es el hombre (1990). Su obra está recopilada en Nuevo recuento de poemas (1977).

Fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal.

En 1953, contrajo matrimonio con Josefa «Chepita» Rodríguez Zebadúa, con quien tuvo cuatro hijos: Julio, Julieta, Judith y Jazmín.


Jaime Sabines falleció en Ciudad de México el 19 de marzo de 1999. "Su última voluntad fue que enterraran su cuerpo junto al de sus padres, el mayor Sabines y doña Luz, quienes descansan en el Panteón Jardín de la Ciudad de México".

Obras

    Horal (1950)
    La señal (1951)
    Adán y Eva (1952)
    Tarumba (1956)
    Diario semanario y poemas en prosa (1961)
    Poemas sueltos (1951-1961)
    Yuria (1967)
    Tlatelolco (1968)
    Maltiempo (1972)
    Algo sobre la muerte del mayor Sabines (1973)
    Otros poemas sueltos (1973-1994)
    Nuevo recuento de poemas (1977)
    Los amorosos: cartas a Chepita (2009)

TÍA CHOFI

    Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi,
    pero esa tarde me fui al cine e hice el amor.
    yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta
    con tus setenta años de virgen definitiva,
    tendida sobre un catre, estúpidamente muerta.
    Hiciste bien en morirte, tía Chofi,
    porque no hacías nada, porque nadie te hacía caso,
    porque desde que murió abuelita, a quien te consagraste,
    ya no tenías qué hacer y a leguas se miraba
    que querías morirte y te aguantabas.
    ¡Hiciste bien!
    Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,
    porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,
    y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple,
    pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.
    Te siento tan desamparada,
    tan sola, sin nadie que te ayude a pasar la esquina,
    sin quien te de un pan!
    Me aflige pensar que estás bajo la tierra
    tan fría de Berriozábal,
    sola, sola, terriblemente sola,
    como para morirse llorando.
    Ya sé que es tonto eso, que estás muerta,
    que más vale callar,
    pero qué quieres que haga si me conmueves más que el presentimiento de tu muerte?

    Ah, jorobada tía Chofi,
    me gustaría que cantaras
    o que contaras el cuento de tus enamorados.
    Los campesinos que te enterraron sólo tenían
    tragos y cigarros,
    y yo no tengo más.
    Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte,
    y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido.
    Nunca ha sido tan real eso en lo que creíste.
    Tan miserable fuiste que te pasaste dando tu vida
    a todos. Pedías para dar, desvalida.
    Y no tenías el gesto agrio de las solteronas
    porque tu virginidad fue como una preñez de muchos hijos.
    En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida
    te repetías incansablemente
    Y eras la misma cosa siempre.
    Fácil, como las flores del campo
    con que las vecinas regaron tu ataúd,
    nunca has estado tan bien como en ese abandono de la muerte.

    Sofía, virgen, antigua, consagrada,
    debieron enterrarte de blanco
    en tus nupcias definitivas.
    Tú que no conociste caricia de hombre
    y que dejaste llegaran a tu rostro arrugas antes que besos,
    tú, casta, limpia, sellada,
    debiste llevar azahares tu último día.
    Exijo que los ángeles te tomen
    y te conduzcan a la morada de los limpios.
    Sofía virgen, vaso transparente, cáliz,
    que la muerte recoja tu cabeza blandamente
    y que cierre tus ojos con cuidados de madre
    Mientras entona cantos interminables.
    Vas a ser olvidada de todos
    como los lirios del campo,
    como las estrellas solitarias;
    pero en las mañanas, en la respiración del buey,
    en el temblor de las plantas,
    en la mansedumbre de los arroyos,
    en la nostalgia de las ciudades,
    serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.

    Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia,
    con una cruz pequeña sobre tu tierra,
    estás bien allí, bajo los pájaros del monte,
    y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.

    La señal (1951)
*buscabiografias.com


SOBRE ESTA BIOGRAFÍA
Autor: redacción de buscabiografias.com
Redactores: Víctor Moreno, María E. Ramírez,
Cristian de la Oliva, Estrella Moreno y otros.
Actualización:
2019








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