Militar y emperador francés
Nombre de nacimiento: Napoleone Buonaparte
Cargos: Primer cónsul de Francia y emperador de los franceses
Dinastía: Bonaparte
Cónyuges: Josefina de Beauharnais y María Luisa de Austria
Hijo legítimo: Napoleón II
Principal aportación: Código Civil de 1804 y reorganización del Estado francés
Orígenes y formación militar
Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, Córcega, poco después de que la isla pasara a estar bajo soberanía francesa. Hijo de Carlo Buonaparte, abogado de la pequeña nobleza corsa, y de Letizia Ramolino, fue el segundo de ocho hermanos que alcanzaron la edad adulta. Llegó a gobernar Francia y buena parte de Europa, combinando un extraordinario talento militar con una ambición política que lo llevó de oficial de artillería a emperador.
En 1779 ingresó en la escuela militar de Brienne y posteriormente estudió en la Escuela Militar de París. Su origen corso, su acento y sus limitados recursos económicos lo diferenciaban de sus compañeros. Se especializó en artillería y obtuvo el grado de subteniente en 1785. Lector de historia, geografía y pensamiento político, encontró en la Revolución francesa de 1789 oportunidades de ascenso que el ejército del Antiguo Régimen difícilmente le habría ofrecido.
De Tolón a la conquista de Italia
Su carrera adquirió impulso durante el sitio de Tolón, en 1793, cuando su actuación artillera contribuyó a recuperar el puerto ocupado por fuerzas británicas y sus aliados. Ascendido a general de brigada, consolidó su posición en octubre de 1795 al reprimir una insurrección realista en París.
En marzo de 1796 contrajo matrimonio con Josefina de Beauharnais y recibió el mando del Ejército de Italia. Durante aquella campaña derrotó repetidamente a las fuerzas austríacas mediante movimientos rápidos, concentración de tropas y ataques sobre puntos vulnerables. Las victorias de Arcole y Rivoli lo transformaron en una figura de prestigio nacional.
Napoleón también comprendió pronto el valor político de la propaganda. Los boletines militares difundían sus éxitos, presentaban las campañas como empresas excepcionales y contribuían a construir una imagen de general invencible. No esperaba a que otros contaran sus victorias: participaba activamente en la elaboración de su propia reputación.
Egipto: una expedición militar y científica
En 1798 emprendió la expedición a Egipto con el propósito de perjudicar los intereses británicos y amenazar indirectamente sus comunicaciones con la India. Aunque venció a los mamelucos en la batalla de las Pirámides, la destrucción de la flota francesa por el almirante Horatio Nelson en Abukir dejó al ejército expedicionario aislado.
La campaña tuvo una dimensión científica excepcional. Napoleón llevó consigo a numerosos ingenieros, naturalistas, matemáticos y especialistas que estudiaron el territorio, sus monumentos y su pasado. En 1799, durante las operaciones francesas, fue descubierta la Piedra de Rosetta, fundamental décadas después para el desciframiento de los jeroglíficos egipcios. Los trabajos de la expedición dieron origen a la monumental Description de l'Égypte.
En 1799 Napoleón abandonó Egipto y regresó a Francia, mientras el ejército quedó bajo el mando de Jean-Baptiste Kléber. La expedición terminó militarmente en fracaso, pero contribuyó al desarrollo de la egiptología moderna.
El golpe de Estado y la construcción del poder
El 9 de noviembre de 1799, el 18 de brumario del calendario revolucionario, participó en el golpe de Estado que derribó al Directorio. La nueva Constitución estableció un Consulado de tres miembros, aunque el poder efectivo quedó concentrado en Napoleón como primer cónsul.
Su autoridad aumentó mediante reformas administrativas, victorias militares y consultas populares organizadas bajo un control político muy desigual. En 1802 fue proclamado cónsul vitalicio. Dos años después, el Senado aprobó el establecimiento del Imperio hereditario. El 2 de diciembre de 1804 fue coronado emperador de los franceses en Notre Dame de París, en presencia del papa Pío VII.
La transformación fue profunda: el militar que había ascendido gracias a una revolución contraria a los privilegios hereditarios terminó fundando una nueva dinastía. Conservó principios revolucionarios como la igualdad jurídica de los ciudadanos varones, pero limitó la libertad de prensa, persiguió a sus adversarios y subordinó las instituciones representativas al poder ejecutivo.
Reformas y organización del Estado
Napoleón reorganizó la administración territorial mediante prefectos dependientes del gobierno central, fortaleció la recaudación fiscal, impulsó el Banco de Francia en 1800 y creó los liceos estatales en 1802. También instituyó la Legión de Honor, destinada a reconocer servicios civiles y militares.
Su reforma más duradera fue el Código Civil de 1804, conocido como Código Napoleónico. Consolidó la igualdad de los ciudadanos varones ante la ley civil, la protección de la propiedad privada y la libertad contractual, suprimiendo distinciones jurídicas vinculadas al nacimiento. Esa igualdad no comprendía una equiparación entre hombres y mujeres: el Código reforzó la autoridad del marido y restringió la autonomía jurídica de las esposas.
Las reformas administrativas y jurídicas se extendieron, con adaptaciones, a diversos territorios europeos bajo influencia francesa. El sistema métrico decimal, establecido durante la Revolución, también se difundió mediante las transformaciones institucionales de la época, aunque Napoleón autorizó en 1812 determinadas medidas tradicionales para el comercio cotidiano.
Haití y la contradicción colonial
La política colonial mostró los límites de su compromiso con los principios revolucionarios. En 1802 envió una expedición a Saint-Domingue, actual Haití, para restablecer la autoridad francesa sobre una colonia donde la insurrección de esclavos había transformado el orden político. Toussaint Louverture, principal dirigente de aquel proceso, fue detenido y deportado a Francia, donde murió prisionero en 1803.
Ese mismo año de 1802, una ley mantuvo la esclavitud en determinadas colonias francesas y restableció legalmente la trata de esclavos para ellas. En Guadalupe, las autoridades francesas restablecieron efectivamente la esclavitud. La resistencia en Saint-Domingue, las enfermedades y la derrota militar francesa condujeron a la independencia de Haití, proclamada el 1 de enero de 1804.
El fracaso colonial contribuyó asimismo a la decisión de vender Luisiana a Estados Unidos en 1803. La política de Napoleón había preservado conquistas civiles de la Revolución en Europa mientras restauraba prácticas esclavistas en territorios coloniales.
El dominio de Europa
Entre 1805 y 1809 alcanzó sus mayores triunfos militares. Derrotó a austríacos y rusos en Austerlitz en 1805, venció a Prusia en Jena y Auerstädt en 1806 y obligó a Rusia a negociar después de Friedland en 1807. El Sacro Imperio Romano Germánico desapareció y numerosos Estados europeos fueron reorganizados bajo influencia francesa.
Sin embargo, Gran Bretaña continuó siendo su principal adversario. La derrota naval franco-española de Trafalgar en 1805 confirmó la superioridad marítima británica e hizo inviable una invasión francesa de las islas británicas.
Napoleón recurrió entonces al bloqueo continental, establecido en 1806 para excluir los productos británicos de los mercados europeos. Su aplicación perjudicó a comerciantes, consumidores y economías aliadas, fomentó el contrabando y obligó a Francia a ejercer una presión creciente sobre otros países. Las tensiones derivadas del bloqueo contribuyeron tanto a la intervención en la península ibérica como al deterioro de las relaciones con Rusia.
La Guerra de la Independencia española
En 1808 Napoleón aprovechó la crisis de la monarquía española para forzar las abdicaciones de Bayona y colocar en el trono a su hermano José Bonaparte. El levantamiento del Dos de Mayo en Madrid y la posterior insurrección en numerosos territorios iniciaron una guerra prolongada contra la ocupación francesa.
La resistencia popular, las guerrillas, los ejércitos españoles y la intervención británica convirtieron España y Portugal en un frente de desgaste permanente. Aunque Napoleón intervino personalmente y consiguió importantes victorias, nunca logró asegurar el control completo de la península.
La guerra también impulsó una transformación política. Las Cortes de Cádiz aprobaron en 1812 una Constitución liberal que afirmaba la soberanía nacional y limitaba el poder monárquico. La crisis de la monarquía española favoreció, además, los procesos de emancipación en América, aunque estos respondieron a causas propias y no pueden explicarse exclusivamente por la invasión napoleónica.
Personalidad, familia y ambición dinástica
Napoleón destacó por su enorme capacidad de trabajo, su memoria para los detalles militares y administrativos y su habilidad para exigir resultados a sus colaboradores. Podía revisar informes, dictar correspondencia y tomar decisiones sobre asuntos muy distintos durante jornadas prolongadas. Esa energía coexistía con una marcada impaciencia, una fuerte necesidad de control y una tendencia a confiar excesivamente en su propio juicio.
Su relación con Josefina estuvo marcada por el afecto, los conflictos y las infidelidades. La ausencia de descendencia común terminó imponiendo las exigencias dinásticas sobre el matrimonio. Se divorció de ella en 1809 y contrajo matrimonio en 1810 con María Luisa de Austria, hija del emperador Francisco I.
En 1811 nació su hijo Napoleón Francisco, conocido posteriormente como Napoleón II. La nueva unión pretendía integrar a los Bonaparte en el sistema de las grandes monarquías europeas. Napoleón tuvo también hijos extramatrimoniales reconocidos.
Rusia y el principio del fin
En junio de 1812 invadió Rusia al frente de la Grande Armée, una fuerza multinacional que, considerando el conjunto de efectivos movilizados para la campaña, rondaba los 600.000 hombres. La ruptura con el zar Alejandro I estuvo relacionada con el bloqueo continental, los intereses comerciales rusos y las disputas sobre el equilibrio político europeo.
Tras la sangrienta batalla de Borodinó, Napoleón ocupó Moscú en septiembre, pero no consiguió una negociación de paz. La retirada se convirtió en una catástrofe por el hambre, las enfermedades, el agotamiento, los ataques rusos y las condiciones meteorológicas. Solo una fracción de las fuerzas iniciales consiguió regresar en condiciones de combatir. Las cifras exactas de muertos, prisioneros, desertores y supervivientes varían según los ejércitos y contingentes incluidos.
La pérdida de hombres experimentados, caballos y material debilitó decisivamente al Imperio. En octubre de 1813 fue derrotado en Leipzig por una coalición europea. Los aliados entraron en París en marzo de 1814 y Napoleón abdicó en abril. Fue enviado a la isla de Elba, donde conservó el título imperial.
Los Cien Días y Waterloo
En febrero de 1815 escapó de Elba y regresó a Francia. Recuperó el poder durante el periodo conocido como los Cien Días, pero las potencias europeas organizaron inmediatamente una nueva coalición.
El 18 de junio de 1815 se enfrentó en Waterloo al ejército aliado dirigido por el duque de Wellington. La llegada de las tropas prusianas de Gebhard Leberecht von Blücher resultó decisiva para la derrota francesa, al aumentar la presión sobre el ejército napoleónico y contribuir a su desintegración final.
Tras abdicar por segunda vez, Napoleón quedó bajo custodia británica y fue deportado a Santa Elena, una isla aislada del Atlántico sur.
Exilio, muerte y construcción de la leyenda
En Santa Elena vivió vigilado por las autoridades británicas, acompañado de un reducido grupo de colaboradores. Durante el exilio participó en la reconstrucción de su propia trayectoria mediante conversaciones, recuerdos y relatos que presentaban su gobierno como una empresa histórica excepcional.
Napoleón Bonaparte murió el 5 de mayo de 1821 en Longwood House, Santa Elena, a los 51 años. La explicación médica más aceptada es un cáncer de estómago. Las hipótesis sobre un posible envenenamiento por arsénico, alimentadas por análisis posteriores y especulaciones históricas, no han desplazado esa interpretación en la investigación médica predominante.
Sus restos fueron trasladados a Francia en 1840 y depositados posteriormente en Los Inválidos, en París.
La imagen de Napoleón adquirió después una dimensión literaria y política que superó ampliamente su vida. El romanticismo encontró en él una figura de ambición, genio individual, ascenso y caída. Sus admiradores lo presentaron como modernizador de Europa; sus adversarios, como un conquistador autoritario responsable de guerras devastadoras.
Su trayectoria dejó una paradoja histórica difícil de separar: consolidó instituciones nacidas de la Revolución francesa, pero gobernó mediante un poder personal cada vez más absoluto. Perdió finalmente su imperio, aunque consiguió que la Europa posterior continuara discutiendo sus leyes, sus conquistas y la imagen que había construido de sí mismo.