Militar y estadista venezolano
Reconocido por: Las victorias de Pichincha y Ayacucho
Título: Gran Mariscal de Ayacucho
Cargo: Presidente de Bolivia (1826-1828)
Esposa: Mariana Carcelén de Guevara
Hija: Teresa de Sucre y Carcelén
Antonio José de Sucre nació el 3 de febrero de 1795 en Cumaná, entonces perteneciente a la Capitanía General de Venezuela. Su nombre completo era Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá. Militar, político y estadista venezolano, dirigió las fuerzas independentistas en las batallas de Pichincha (1822) y Ayacucho (1824), participó en la creación de Bolivia y presidió aquella república entre 1826 y 1828.
Colaborador de Simón Bolívar, combinó el mando militar con la diplomacia y la administración pública. Su victoria en Ayacucho precipitó el derrumbe del principal ejército virreinal español en Sudamérica. Murió asesinado a los 35 años, cuando intentaba regresar a Quito en medio de la desintegración de la Gran Colombia.
Familia y primeros años militares
Era hijo del militar Vicente de Sucre y Urbaneja y de María Manuela de Alcalá y Sánchez. Procedía de una familia de larga tradición castrense. Perdió a su madre durante la infancia y fue enviado a Caracas, donde estudió ingeniería militar bajo la dirección de José Mires. Su formación comprendía matemáticas, fortificaciones, artillería y organización de operaciones.
En 1810 recibió el grado de subteniente de las milicias republicanas. Al año siguiente ejerció como comandante de ingenieros en Margarita y en 1812 estuvo encargado de la artillería en Barcelona, Venezuela. Tras la caída de la Primera República, participó en las campañas orientales bajo las órdenes de Santiago Mariño.
La guerra afectó profundamente a su familia. En 1814, su hermano Pedro fue fusilado por los realistas, mientras Vicente y Magdalena murieron durante la violencia desatada en Cumaná. Otros familiares cercanos también perdieron la vida en el conflicto. Sucre conoció así, en su propio entorno, las consecuencias de una guerra que dividía familias y poblaciones.
En 1815 participó en la defensa de Cartagena de Indias, donde dirigió trabajos de fortificación durante la ofensiva española. En 1816 fue nombrado jefe de Estado Mayor de Mariño y ascendido a coronel. Un año después pasó a las fuerzas de Bolívar, quien le confió responsabilidades en Guayana y en la organización del ejército republicano.
Diplomacia y campaña de Guayaquil
En noviembre de 1820 participó en las negociaciones de los tratados de Trujillo, que establecieron un armisticio y normas para regular la guerra entre republicanos y realistas. El acuerdo sobre el trato a prisioneros y civiles fue especialmente significativo después de años de violencia extrema. Bolívar elogió aquella iniciativa, en cuya preparación Sucre desempeñó una función destacada.
En 1821 recibió la misión de intervenir en Guayaquil, ciudad que había proclamado su independencia de España en octubre de 1820. Allí negoció con la Junta de Gobierno un acuerdo de cooperación con la Gran Colombia, mientras preparaba la ofensiva para liberar Quito.
Derrotó a las fuerzas realistas en Yaguachi, en agosto de 1821, pero sufrió un revés en Huachi al mes siguiente. La derrota le obligó a reorganizar sus tropas. Consiguió refuerzos colombianos y recibió ayuda militar del Perú, gobernado entonces por José de San Martín, cuyo gobierno envió una división dirigida por Andrés de Santa Cruz.
La victoria de Pichincha
A comienzos de 1822, Sucre emprendió una nueva campaña hacia Quito. Sus fuerzas avanzaron por el sur, ocuparon Cuenca y Riobamba y evitaron varios enfrentamientos desfavorables mediante movimientos por terreno montañoso.
Mientras Bolívar desarrollaba su propia campaña hacia Pasto, que incluyó la batalla de Bomboná, Sucre dirigía las operaciones desde el sur. Ambas campañas contribuían a debilitar el dispositivo realista de la región, aunque respondían a mandos y movimientos distintos.
El 24 de mayo de 1822, las tropas de Sucre derrotaron al ejército de Melchor Aymerich en las laderas del volcán Pichincha. Al día siguiente se formalizó la capitulación española. La victoria aseguró la liberación de Quito y facilitó su integración en la Gran Colombia.
Después de la batalla, Sucre fue ascendido a general de división y nombrado intendente del departamento de Quito. Desde esa responsabilidad impulsó medidas administrativas, judiciales y educativas, una experiencia que anticipó su posterior actuación como gobernante.
Ayacucho y el final del poder virreinal
En 1823 llegó al Perú para colaborar en la campaña definitiva contra las fuerzas españolas. El territorio atravesaba una grave inestabilidad política y militar. Tras la victoria republicana de Junín, en agosto de 1824, Bolívar confió a Sucre la dirección de las operaciones finales.
Durante los meses siguientes, Sucre evitó presentar batalla en posiciones desfavorables. Sus movimientos buscaban conservar un ejército que debía enfrentarse a fuerzas superiores y cuyos suministros dependían de largas comunicaciones a través de los Andes.
El 9 de diciembre de 1824 dirigió al Ejército Unido Libertador en la batalla de Ayacucho, librada en la pampa de la Quinua. Las estimaciones más habituales sitúan sus fuerzas en unos 5.800 hombres, frente a aproximadamente 9.000 o 9.500 realistas, aunque las cifras varían según los estudios y los criterios de recuento.
La disposición de las unidades republicanas y la actuación de sus comandantes frustraron el ataque español. El virrey José de la Serna resultó herido y fue capturado. La derrota dejó sin capacidad operativa al principal ejército virreinal del Perú.
Ese mismo día, Sucre y el general español José de Canterac firmaron la Capitulación de Ayacucho. El documento regulaba la rendición de las tropas realistas y establecía condiciones para sus oficiales y soldados, entre ellas garantías personales y posibilidades de traslado. Algunas disposiciones fueron particularmente favorables a los vencidos, aunque también contenían obligaciones económicas para el nuevo Estado peruano.
La capitulación no puso fin de inmediato a todos los focos de resistencia española, pero decidió el resultado militar de la independencia del Perú continental. Sucre recibió el título de Gran Mariscal de Ayacucho. Tenía 29 años.
La creación de Bolivia
Después de Ayacucho avanzó hacia el Alto Perú, territorio cuya soberanía planteaba un problema político. Sus provincias habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata, mantenían estrechas relaciones económicas y administrativas con el Perú y contaban con partidarios de constituir una república independiente.
El 9 de febrero de 1825, Sucre decretó la convocatoria de una asamblea de representantes para decidir el destino del territorio. La decisión resultó controvertida porque la soberanía altoperuana afectaba también a los intereses del Perú y de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Bolívar expresó inicialmente reservas sobre el procedimiento, aunque posteriormente aceptó la solución independentista.
El 6 de agosto de 1825, la asamblea reunida en Chuquisaca proclamó la independencia. El nuevo Estado recibió inicialmente el nombre de República de Bolívar, sustituido después por Bolivia. Sucre desempeñó una función fundamental en su organización política y administrativa.
Presidente de Bolivia
Sucre asumió responsabilidades de gobierno desde la organización inicial de la nueva república y ejerció formalmente su presidencia entre 1826 y 1828. La Constitución de 1826, redactada por Bolívar, establecía una presidencia vitalicia. Sucre aceptó el ejercicio del poder con reservas y sin abandonar su propósito de retirarse de la vida pública.
Su administración intentó organizar la Hacienda Pública, establecer instituciones republicanas y extender la educación. Entre febrero y mayo de 1826 promulgó numerosos decretos destinados a crear colegios de ciencias y artes, instituciones para huérfanos y escuelas primarias. Consideraba la instrucción pública una condición necesaria para que la población pudiera ejercer sus derechos.
Colaboró inicialmente con el educador Simón Rodríguez, antiguo maestro de Bolívar, pero las diferencias sobre la organización educativa y la aplicación de sus proyectos terminaron por distanciarlos. El conflicto puso de manifiesto las dificultades de transformar las estructuras sociales mediante reformas impulsadas desde un Estado todavía precario.
Su gobierno también promovió medidas relativas a la población indígena, la esclavitud y la propiedad de la tierra. Sin embargo, los intereses locales, las limitaciones económicas y la resistencia de grupos privilegiados dificultaron su aplicación. La independencia política no había eliminado las desigualdades heredadas del sistema colonial.
Las tensiones aumentaron por la presencia de tropas colombianas y por las disputas sobre la Constitución bolivariana. El 18 de abril de 1828, un motín en Chuquisaca dejó a Sucre herido en un brazo. La crisis política y la intervención militar peruana precipitaron su renuncia, formalizada ese mismo año.
Familia y regreso a Quito
En abril de 1828, cuando atravesaba los últimos meses de su presidencia, contrajo matrimonio por poderes con Mariana Carcelén y Larrea, marquesa de Solanda, perteneciente a una destacada familia quiteña. Tras abandonar Bolivia se estableció con ella en Quito.
El matrimonio tuvo una hija, Teresa, nacida en julio de 1829. Sucre era también padre de José María, nacido en La Paz en enero de 1826 de su relación con Rosalía Cortés. Su correspondencia de aquellos años muestra su creciente deseo de disponer de una vida familiar apartada de las responsabilidades militares.
Tarqui y la crisis de la Gran Colombia
En 1829 volvió al servicio militar durante la guerra entre la Gran Colombia y el Perú. El 27 de febrero dirigió las fuerzas grancolombianas en la batalla del Portete de Tarqui, cerca de Cuenca, donde derrotaron a unidades de vanguardia peruanas.
El alcance de aquella victoria ha sido interpretado de manera diferente por las historiografías ecuatoriana y peruana. El grueso del ejército peruano no fue destruido y la campaña desembocó en negociaciones, seguidas de un acuerdo en Girón. Sucre intervino en ellas con el propósito de evitar la prolongación de la guerra entre las nuevas repúblicas.
A comienzos de 1830 fue elegido presidente del Congreso Admirable, reunido en Bogotá para buscar una salida a la desintegración de la Gran Colombia. También encabezó una misión destinada a negociar con los dirigentes separatistas de Venezuela, pero las conversaciones fracasaron.
En mayo de ese año se despidió por carta de Bolívar. La correspondencia revela una relación de confianza que iba más allá de la subordinación militar. Sucre expresó su afecto personal hacia el Libertador en un momento en que ambos presenciaban el fracaso de buena parte de su proyecto político.
Asesinato en Berruecos
El 4 de junio de 1830, mientras viajaba desde Bogotá hacia Quito para reunirse con su familia, Antonio José de Sucre fue asesinado en una emboscada en las montañas de Berruecos, cerca de Pasto, en el actual departamento colombiano de Nariño.
El asesinato se produjo en medio de las rivalidades políticas que acompañaron la disolución de la Gran Colombia. José María Obando fue señalado como posible responsable intelectual, mientras Apolinar Morillo figuró entre los implicados en la ejecución. La atribución definitiva de las responsabilidades políticas del crimen continúa siendo objeto de debate historiográfico.
La noticia afectó profundamente a Bolívar, que falleció seis meses después. Los restos del mariscal se conservan en la Catedral Metropolitana de Quito.
Importancia histórica
Sucre contribuyó militarmente a la independencia de varios territorios sudamericanos y participó en la construcción institucional de uno de los nuevos Estados. Pichincha aseguró la liberación de Quito; Ayacucho decidió la campaña contra el principal ejército español del Perú; y su presidencia boliviana mostró las dificultades de convertir la emancipación en un orden político estable.
Su experiencia también revela una contradicción de las independencias americanas: los ejércitos que habían derrotado al poder colonial pronto se encontraron enfrentados entre sí. Sucre participó en esas guerras, pero también intentó limitar sus consecuencias mediante capitulaciones y acuerdos diplomáticos.
La capital constitucional de Bolivia lleva su apellido, al igual que un estado venezolano y numerosas localidades e instituciones americanas. Su trayectoria quedó marcada por una circunstancia singular: ayudó a derrotar al poder español en Sudamérica, presidió una nueva república y murió durante la crisis política de los países cuya independencia había contribuido a conseguir.