El 14 de octubre de 2026 se conoció que los libros de Sally Rooney dejaban de distribuirse a las librerías británicas por los posibles efectos de una ley antiterrorista. El contenido de sus novelas no era el problema: la controversia estaba en la intención de la escritora de financiar a una organización proscrita.
Este episodio da nueva actualidad a una advertencia de Salman Rushdie, escritor británico-estadounidense de origen indio que sobrevivió a un atentado en 2022: las presiones contra la libertad de expresión pueden proceder de distintas posiciones ideológicas. El caso de Rooney, las modificaciones de las novelas de Roald Dahl y las restricciones escolares estadounidenses permiten examinar quién establece hoy los límites de lo que otros pueden leer.
Sally Rooney: un Gobierno laborista y unos libros que no pueden venderse
La escritora irlandesa Sally Rooney ha quedado atrapada en una controversia legal que ya afecta a la distribución de sus novelas en el Reino Unido. El 14 de octubre se conoció que su editorial Faber suspendía nuevos suministros ante el riesgo de que el pago de derechos de autor pudiera contravenir la legislación antiterrorista. Rooney había anunciado que destinaría parte de sus ingresos a Palestine Action, organización proscrita en julio de 2025 por el Gobierno laborista de Keir Starmer. Los ejemplares ya comprados por las librerías pueden seguir vendiéndose, pero la editorial se enfrenta al dilema de no poder remunerar a la autora sin exponerse a riesgos legales. La norma busca impedir la financiación de organizaciones prohibidas; sus críticos cuestionan la proporcionalidad de consecuencias que alcanzan a obras literarias ajenas a las acciones de dicho grupo. La cuestión se examinará próximamente en los tribunales británicos. Este caso no demuestra una prohibición estatal de las novelas de Rooney: muestra cómo una norma de seguridad puede tener efectos indirectos sobre la circulación de libros. Biografía de Sally Rooney.
La crítica de Rushdie a las correcciones de Roald Dahl
Salman Rushdie ya había señalado un tipo muy distinto de intervención. En febrero de 2023, la editorial Puffin revisó expresiones en nuevas ediciones de libros infantiles de Roald Dahl, autor de Matilda y Charlie y la fábrica de chocolate, con el propósito de evitar términos considerados ofensivos. Se modificaron descripciones del aspecto físico, el género y otros rasgos de los personajes. Rushdie criticó públicamente esas modificaciones y las calificó de «censura absurda». Los defensores de las adaptaciones consideraban que facilitarían la lectura a nuevas generaciones; los críticos replicaban que actualizar los textos conforme a sensibilidades actuales alteraba la voz del autor. Ante la polémica, la editorial anunció que mantendría también disponibles las versiones originales. Es un ejemplo concreto de lo que Rushdie cuestiona cuando critica presiones censoras desde ambientes culturales progresistas; no equivale a una prohibición estatal. Biografía de Roald Dahl.
Estados Unidos: las restricciones escolares y Stephen King
En la otra vertiente de la discusión figuran las medidas impulsadas en distritos escolares estadounidenses, especialmente en estados gobernados por republicanos. PEN America registró 11.982 casos de restricciones o prohibiciones de acceso a libros en el curso 2025-2026, que afectaron a 7.370 títulos distintos. Stephen King fue el autor más afectado, con 312 casos relacionados con 81 obras. Los promotores de estas decisiones apelan a la adecuación de los contenidos a la edad y a la participación de las familias; sus detractores denuncian que se excluyen obras por criterios ideológicos, entre ellos referencias a cuestiones raciales, sexualidad e identidad. No se trata de 11.982 títulos ilegalizados: las cifras incluyen diferentes modalidades de retirada o restricción en el ámbito escolar. Biografía de Stephen King.
El escritor al que intentaron silenciar
Para Rushdie, la persecución de la palabra escrita tiene una dimensión vital. Tras la publicación de Los versos satánicos, en 1989 el ayatolá Ruhollah Jomeiní emitió una fetua que reclamaba su muerte. El escritor pasó años bajo protección. El 12 de agosto de 2022, durante un acto literario en el estado de Nueva York, un hombre lo apuñaló repetidamente. Rushdie sobrevivió, pero perdió la visión del ojo derecho y sufrió graves lesiones. Su recuperación quedó reflejada en Knife, libro autobiográfico de 2024, y en el documental dirigido por Alex Gibney, con imágenes grabadas por Rachel Eliza Griffiths. En septiembre de 2026, entrevistado en Firing Line, volvió a hablar de la defensa de la libertad de expresión. Su atentado fue un acto de violencia de una gravedad incomparable con una revisión editorial o una controversia comercial. Precisamente esa diferencia obliga a describir cada mecanismo de presión con rigor.
La frontera discutida
Los tres conflictos tienen causas y consecuencias diferentes: una ley antiterrorista bajo un Gobierno laborista, la adaptación editorial de textos clásicos y las restricciones de lecturas escolares en estados conservadores. Una crítica, un boicot pacífico o la decisión de un lector de no comprar un libro no equivalen automáticamente a censura. Las amenazas, las prohibiciones estatales y las presiones para impedir que otros puedan leerlo requieren otro examen. La advertencia de Rushdie invita a exigir esa distinción sin eximir del escrutinio a ninguna corriente política. El episodio de Rooney, conocido esta misma semana, recuerda que una decisión pública adoptada para un fin concreto puede afectar también a la circulación de la literatura.
Fuentes: PBS, entrevista a Rushdie (2026); PEN America (2026); ITV, Sally Rooney (2026).
