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María Antonieta tenía acné

(14-03-2017)

Las pócimas, ungüentos, mascarillas y pomadas cosméticas han variado mucho a lo largo de la historia: pero en casi todas las épocas se han utilizado algunas de composición realmente sorprendente. Veamos algunos ejemplos. Las mujeres de la nobleza egipcia de tiempos de Cleopatra utilizaban todo tipo de desodorantes, tónicos capilares y corporales, mascarillas faciales, blanqueadores, suavizantes, pomadas antiarrugas, hechos con sustancias tales como leche de burra, harina de avena y habas, levaduras, miel, arcilla, lodo del Nilo, aceites de palma, cedro y almendras. Las romanas y romanos de los tiempos de Nerón usaban sustancias como el albayalde y la tiza para aclarar el rostro: harina y mantequilla para curar las espinillas y erupciones cutáneas ; piedra pómez, mezclada con orina de niño para blanquear los dientes; loción de amapola como base para aplicarse blanco de cerusa sobre el rostro, y vinagre, arcilla y corteza de encina macerada con limón para endurecer los pechos. Juvenal menciona en uno de sus escritos el uso del sudor de lana de oveja como excelente crema de noche. Este producto puede parecer realmente extraño, pero ha de decirse que no es ni más ni menos que el equivalente a la actual lanolina. Perdido el gusto cosmético durante la Edad Media, a partir del Renacimiento volvió con verdadera fuerza. Surgieron costumbres verdaderamente curiosas. Por ejemplo, la reina escocesa María Estuardo se bañaba en vino. Isabel de Baviera solía bañarse en jugo de fresas. Y la profusión cosmética también afectaba a los hombres. El rey inglés Enrique IV popularizó una pomada perfumada elaborada con manzanas y grasa de perro joven. El barón Dupuytren se aplicaba un crecepelo elaborado con 150g de virutas de boj maceradas durante dos semanas en 300 ml de vodka, a lo que se añadía luego 50 g de extracto de romero y 13 g de extracto de nuez moscada; con el se masajeaba dos veces al día, mañana y noche. Por aquel tiempo, volvieron también a ponerse de moda las mascarillas, fueran sencillas como un filete de ternera, o más complicadas como la utilizada por la duquesa de Alba, quien se trataba las arrugas de su rostro con una singular mascarillas hecha con cuatro claras de huevo batidas y cubiertas con agua de sosas, llevadas a ebullición y espolvoreadas después con 15 g de polvo de alumbre y 7 g de aceite de almendras. María Antonieta, por su parte, combatía el acné, al que era muy propensa, con otra elaborada con una emulsión cocida a fuego lento de leche, limón natural y brandy




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Ernest Hemingway

Ernest Hemingway

Escritor estadounidense Obras: El viejo y el mar, Fiesta, Adiós a las armas, Por quién doblan las campanas... Género: Novela, relato, periodismo Premios: Premio Pulitzer (1953) Premio Nobel (1...

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