En junio de 1934, Marie Curie ya no podía disimular el agotamiento. Seguía pensando en su laboratorio, en el Instituto del Radio de Varsovia y en los trabajos de su hija Irène y Frédéric Joliot. La mujer que había dedicado su vida a estudiar la radiactividad estaba gravemente enferma, aunque aún hacía planes para regresar a la investigación.

Los últimos días en Sancellemoz

Los médicos sospecharon inicialmente una afección pulmonar y recomendaron su traslado a las montañas. Curie llegó al sanatorio de Sancellemoz, en la Alta Saboya, a finales de junio, acompañada por su hija menor, Ève, que permaneció a su lado durante sus últimos días. Allí se reconoció la gravedad de una enfermedad de la sangre. Falleció el 4 de julio de 1934, a los 66 años.

El certificado del médico del sanatorio describió una anemia aplásica de evolución rápida y febril, con una médula ósea incapaz de recuperarse. El prolongado contacto de Curie con sustancias radiactivas y rayos X es una explicación histórica importante, aunque el Museo Curie advierte de que no es posible cuantificar cuánto contribuyó cada exposición a la enfermedad final.

¿Qué dijo realmente?

Entre las frases atribuidas a Curie circula una negativa, seguida de una petición de que la dejaran tranquila: «No quiero» o «Déjenme en paz», según las versiones. A veces se presenta como respuesta a una inyección propuesta por el médico. La escena no debe confundirse con una despedida solemne ni esas versiones españolas darse por una transcripción literal.

La referencia decisiva para investigar su origen es Madame Curie (1937), la biografía que escribió Ève Curie tres años después de la muerte de su madre, en particular su capítulo final, «The End of the Mission», en la edición inglesa de 1938. La existencia de ese capítulo está documentada, pero no hemos podido cotejar el pasaje exacto con una edición consultable íntegramente. Por ello no reproducimos como verificada la formulación francesa que suele atribuirse a la escena.

Una versión distinta del final

La historiadora Janine Trotereau, en su biografía Marie Curie, describe los últimos balbuceos de la científica como palabras relacionadas exclusivamente con su trabajo y su última publicación. Es un testimonio historiográfico que introduce una distinción esencial: una expresión pronunciada durante los últimos días, un rechazo a un tratamiento y las últimas palabras efectivamente dichas no son necesariamente lo mismo. Consultar el pasaje de Trotereau.

Lo que revela la escena

La biografía familiar permite reconstruir mejor a una Curie que, incluso debilitada, se preocupaba por la continuidad de su trabajo. La Asociación Curie y Joliot-Curie confirma el papel de Ève en el traslado y el acompañamiento. Esa imagen tiene más sustancia que convertir una frase de circulación incierta en un epitafio.

Si Curie rechazó una intervención médica, la petición pertenecería ante todo a una mujer exhausta y enferma, no a una sentencia sobre la ciencia o la muerte. Lo documentado es su enfermedad, su entorno familiar y su persistente atención al laboratorio. La literalidad y la posición cronológica de la frase popular siguen sin quedar demostradas por las fuentes que hemos podido cotejar.

Fuentes: Ève Curie, Madame Curie (1937), referencia bibliográfica al capítulo final pendiente de cotejo literal; Musée Curie, «De quoi est morte Marie Curie?» (2023); Asociación Curie y Joliot-Curie, cronología familiar; Janine Trotereau, Marie Curie, capítulo «Aux Grands Hommes…».