Ingeniero e inventor estadounidense
Conocido por: El desarrollo de la gasolina con plomo y los primeros refrigerantes clorofluorocarbonados (CFC).
Estudios: Ingeniería mecánica en la Universidad Cornell.
Cónyuge: Carrie M. Reynolds (1911-1944).
Hijos: Jane y Thomas Midgley III.
Patentes: 117.
Reconocimientos: Medalla Nichols (1923), Medalla Perkin (1937), Medalla Priestley (1941) y Premio Willard Gibbs (1942).
Thomas Midgley Jr. nació el 18 de mayo de 1889 en Beaver Falls, Pensilvania, Estados Unidos. Fue un ingeniero mecánico e inventor cuya trayectoria estuvo vinculada a dos innovaciones industriales que transformaron el siglo XX: la gasolina con plomo y los refrigerantes clorofluorocarbonados. Ambas resolvieron importantes problemas técnicos, pero sus consecuencias sobre la salud y el medio ambiente terminaron por convertir sus principales aportaciones en objeto de controversia.
Familia y formación
Hijo de Thomas Midgley Sr. y Hattie Louise Emerson, creció en una familia relacionada con la actividad inventiva. Su padre desarrolló diversos componentes mecánicos, especialmente neumáticos, mientras que su abuelo materno, James Emerson, había ideado mejoras para las sierras.
Pasó parte de su juventud en Columbus, Ohio, y estudió ingeniería mecánica en la Universidad Cornell, donde se graduó en 1911. Aunque no recibió una formación universitaria especializada en química, esta disciplina acabaría ocupando el centro de su actividad investigadora.
El 3 de agosto de 1911 contrajo matrimonio con Carrie M. Reynolds, con quien tuvo dos hijos, Jane y Thomas Midgley III.
Después de trabajar en la National Cash Register Company y colaborar con su padre en la fabricación de neumáticos, ingresó en 1916 en los laboratorios de Dayton Engineering Laboratories Company, dirigidos por Charles F. Kettering. Allí comenzó una colaboración que resultaría decisiva para su carrera.
La gasolina con plomo
Uno de los principales problemas de los motores de gasolina era el picado de bielas, una combustión anómala que producía ruidos y limitaba el rendimiento. Midgley y sus colaboradores investigaron numerosos compuestos para reducir este fenómeno y permitir el desarrollo de motores más eficientes.
Entre las alternativas estudiadas figuraba el alcohol etílico o etanol, que podía utilizarse como antidetonante. Sin embargo, requería mezclarse con la gasolina en proporciones relativamente elevadas y no ofrecía las mismas posibilidades de control comercial mediante patentes que determinados aditivos químicos.
El 9 de diciembre de 1921, el equipo en el que trabajaba Midgley comprobó la extraordinaria eficacia del tetraetilo de plomo como agente antidetonante. Este compuesto ya se había sintetizado en el siglo XIX: la aportación de los investigadores no fue descubrirlo, sino identificar y desarrollar su aplicación en los combustibles para motores.
La nueva solución permitía mejorar el rendimiento de la gasolina mediante pequeñas concentraciones del aditivo. General Motors impulsó su comercialización y, en 1924, creó junto con Standard Oil de Nueva Jersey la Ethyl Gasoline Corporation. La protección mediante patentes y la posibilidad de controlar la fabricación y distribución del aditivo proporcionaban importantes incentivos económicos frente a alternativas como el etanol.
La expansión comercial se produjo pese a que la toxicidad del plomo era conocida desde mucho antes. Midgley había sufrido problemas de salud relacionados con la exposición al tetraetilo de plomo y, en febrero de 1923, pasó aproximadamente un mes recuperándose en Florida. También recibió advertencias sobre los peligros del compuesto.
La crisis sanitaria de 1924-1925
La fabricación industrial del tetraetilo de plomo provocó graves intoxicaciones. En 1924, varios trabajadores murieron en las instalaciones de Standard Oil en Bayway, Nueva Jersey, y se registraron otros episodios de enfermedad y fallecimientos en plantas relacionadas con su producción.
Los casos adquirieron una enorme repercusión pública. Médicos como Alice Hamilton y el fisiólogo Yandell Henderson advirtieron de los peligros de introducir compuestos de plomo en un combustible destinado al consumo masivo. La industria respondió defendiendo la seguridad del producto cuando se utilizaba en pequeñas concentraciones y promoviendo argumentos destinados a tranquilizar a los consumidores.
En octubre de 1924, Midgley protagonizó una demostración ante periodistas: se aplicó tetraetilo de plomo en las manos e inhaló sus vapores para transmitir confianza sobre su seguridad. El gesto resultaba especialmente significativo porque él mismo había sufrido anteriormente los efectos de la exposición al compuesto.
La controversia llevó a suspender temporalmente las ventas de gasolina con plomo en 1925 y a convocar una conferencia bajo los auspicios del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos. Las investigaciones oficiales posteriores no encontraron pruebas suficientes, según sus criterios y métodos de la época, para prohibir definitivamente su utilización. La comercialización se reanudó, aunque continuaron las advertencias científicas.
Durante décadas, millones de automóviles dispersaron partículas de plomo por el aire y el entorno urbano. La eficacia mecánica del aditivo había quedado demostrada; sus consecuencias sanitarias a largo plazo tardarían mucho más en determinarse y reconocerse institucionalmente.
Los refrigerantes de freón
A finales de los años veinte, Midgley participó en otro proyecto industrial: encontrar sustancias refrigerantes que sustituyeran a productos utilizados en frigoríficos y sistemas de climatización, algunos inflamables o de elevada toxicidad aguda.
Trabajando con otros investigadores, entre ellos Albert Leon Henne y Robert R. McNary, contribuyó al desarrollo de refrigerantes de la familia de los clorofluorocarbonos. Los trabajos realizados a partir de 1928 permitieron introducir estos compuestos en el mercado bajo denominaciones comerciales como Freon.
Su estabilidad química, baja inflamabilidad y reducida toxicidad inmediata en las condiciones de uso previstas favorecieron su adopción. Facilitaban la refrigeración doméstica y comercial y ampliaban las posibilidades del aire acondicionado.
En 1930, Midgley volvió a recurrir a una demostración pública: inhaló una pequeña cantidad de vapor de refrigerante y la expulsó sobre una vela encendida, que se apagó. Pretendía mostrar que el nuevo producto no era inflamable y que una exposición breve no provocaba efectos inmediatos apreciables.
Aquella demostración se interpretó como una prueba de seguridad. No obstante, la ausencia de toxicidad aguda no permitía prever todas las consecuencias ambientales de unas sustancias capaces de permanecer durante décadas en la atmósfera.
Otras investigaciones y reconocimientos
La actividad científica de Midgley fue considerablemente más amplia que sus dos desarrollos más conocidos. Investigó procedimientos para extraer bromo del agua de mar, necesario para la fabricación industrial de determinados aditivos, y estudió la composición del caucho natural y sintético, así como los procesos químicos relacionados con su vulcanización.
Su producción inventiva alcanzó las 117 patentes. Recibió la Medalla Nichols en 1923 por sus investigaciones sobre compuestos antidetonantes, la Medalla Perkin en 1937, la Medalla Priestley en 1941 y el Premio Willard Gibbs en 1942. Ese mismo año fue elegido miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
También desempeñó responsabilidades en la American Chemical Society, de cuyo consejo directivo formaba parte desde 1930 y que presidió en 1944. Durante la Segunda Guerra Mundial fue vicepresidente del National Inventors Council y participó en trabajos vinculados al National Defense Research Committee. Sus investigaciones sobre materiales, combustibles y compuestos químicos tenían aplicaciones directas en las necesidades industriales y militares del momento.
Fuera del laboratorio cultivó intereses diversos. Le gustaban la poesía, que también escribía, y las grabaciones musicales y deportivas. Según la memoria biográfica preparada por Kettering, reunió una extensa colección de registros sonoros y mantuvo una vida social activa. En su discurso presidencial de 1944 ante la American Chemical Society incluyó versos propios sobre la brevedad y la intensidad de la existencia.
Enfermedad y muerte
En el otoño de 1940 contrajo poliomielitis, que le produjo una grave discapacidad motora y le privó del uso de las piernas. Pese a las limitaciones físicas, continuó participando en actividades científicas y públicas.
Para recuperar parte de su autonomía diseñó personalmente un elaborado dispositivo de cuerdas, arneses y poleas que le permitía incorporarse de la cama y facilitar sus movimientos sin depender constantemente de otras personas.
Thomas Midgley murió el 2 de noviembre de 1944, a los 55 años, en Worthington, Ohio, estrangulado por el sistema que había construido para facilitar su movilidad.
Las circunstancias exactas de su muerte presentan una discrepancia documental significativa. Numerosas necrológicas y biografías la describieron como un accidente. Sin embargo, el certificado de defunción, firmado el mismo día del fallecimiento, registró suicidio por estrangulamiento. El historiador de la química Carmen J. Giunta examinó esta contradicción en un estudio publicado en 2006 y recogió también el testimonio privado de Albert Henne, quien manifestó sus dudas sobre la versión accidental.
La existencia de un registro oficial contemporáneo impide presentar la explicación accidental como un hecho indiscutible, aunque tampoco permite reconstruir con certeza las circunstancias personales que rodearon el fallecimiento.
Legado científico y ambiental
La reputación histórica de Midgley experimentó una profunda transformación después de su muerte. Mientras vivió, sus investigaciones fueron reconocidas como éxitos de la química industrial. Con el tiempo, los efectos acumulativos de sus principales innovaciones obligaron a revisar aquella valoración.
El geoquímico Clair Patterson desempeñó un papel fundamental en la identificación de la contaminación ambiental generalizada por plomo durante la segunda mitad del siglo XX. Sus investigaciones contribuyeron a demostrar que la exposición humana al metal había aumentado considerablemente como consecuencia de las actividades industriales, entre ellas la combustión de gasolina con plomo.
En 1974, Mario Molina y Frank Sherwood Rowland publicaron una investigación que advertía de la capacidad de los clorofluorocarbonos para destruir el ozono estratosférico. En 1985 se identificó el grave agotamiento estacional de la capa de ozono sobre la Antártida y, en 1987, se adoptó el Protocolo de Montreal para eliminar progresivamente las sustancias responsables de este fenómeno.
Las consecuencias de la gasolina con plomo también alcanzaron una dimensión mundial. En agosto de 2021, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente anunció el fin de su utilización en automóviles tras la retirada del combustible en Argelia. Según las estimaciones difundidas por el organismo, su eliminación permite evitar más de 1,2 millones de muertes prematuras al año. El anuncio no incluía todos los usos de combustibles con plomo, particularmente determinadas gasolinas de aviación.
Existe una diferencia esencial entre las responsabilidades históricas asociadas a ambos desarrollos. Cuando se introdujo el tetraetilo de plomo en los combustibles, la toxicidad del metal ya era conocida y había provocado advertencias médicas e intoxicaciones graves. En cambio, los efectos de los CFC sobre la capa de ozono no se identificaron científicamente hasta varias décadas después de su comercialización.
En 2003, Midgley fue incorporado a título póstumo al National Inventors Hall of Fame de Estados Unidos. Su reconocimiento como inventor y la posterior constatación de los daños asociados a sus innovaciones constituyen dos dimensiones inseparables de su trayectoria histórica: contribuyó decisivamente al desarrollo de tecnologías industriales cuya utilización masiva terminó teniendo consecuencias ambientales y sanitarias que excedieron ampliamente los problemas técnicos para los que habían sido concebidas.