Un Morris Cowley, los faros encendidos y nadie al volante. Al amanecer del 4 de diciembre de 1926, el coche de Agatha Christie está fuera de la carretera, en una pendiente de Newlands Corner, Surrey. El capó se hunde entre los arbustos. Dentro quedan un abrigo de piel, un neceser y el permiso de conducir. La mujer cuyo nombre figura en él no aparece.
La víspera había salido de su casa de Sunningdale, en Berkshire, después de las nueve y media de la noche, según la reconstrucción de HistoryExtra. Tenía treinta y seis años y una hija de siete. Su madre había muerto aquella primavera; Archie, su marido, se había enamorado de Nancy Neele y le había pedido el divorcio. La desaparición llegaba al final de un año de duelo y ruptura.
McAlister
A las 6:20 de aquella mañana, un hombre llamado McAlister había ayudado a una mujer a arrancar el coche. Así lo declararía a la policía. Su descripción coincidía con la de Christie; llevaba poca ropa para el frío y se comportaba de un modo que le resultó extraño. El testimonio figura en el informe del 9 de febrero de 1927 conservado por The National Archives, que también confirma los faros encendidos.
McAlister pudo haber estado ante la escritora mientras su familia aún ignoraba dónde buscarla. Su declaración deja una mujer junto al automóvil, a una hora concreta. A partir de ahí, el rastro vuelve a interrumpirse. A las once de la mañana, el aviso del coche abandonado llega al responsable de la división policial de Guildford.
Kenward
Kenward comienza los rastreos con siete u ocho policías regulares, auxiliados por policías especiales sin sueldo y voluntarios civiles. Después reúne unas tres docenas de agentes de otras zonas del condado. En su informe distinguirá esos grupos y rechazará las exageraciones de los periódicos. Los aviones de los que habla la prensa, puntualiza, no forman parte de la operación policial.
La investigación se reparte entre Berkshire, donde está la casa, y Surrey, donde ha aparecido el Morris. La evocación del 175 aniversario de Surrey Police recuerda la extraordinaria movilización. Se registran los alrededores de Newlands Corner y se busca en el Silent Pool. El Exeter and Plymouth Gazette del 13 de diciembre cifra una de las batidas en unos dos mil hombres y tres sabuesos. Son participantes en una búsqueda multitudinaria, entre ellos civiles; no dos mil policías.
Había, sin embargo, una indicación que apuntaba mucho más al norte. Campbell Christie, cuñado de Agatha, dijo haber recibido una carta en la que ella anunciaba unos días de descanso en un establecimiento de Yorkshire. Según la reconstrucción de ABC News, la policía concedió más importancia al automóvil que a esa noticia. La carta situaba una posible salida del caso lejos del terreno que estaban rastreando.
Kenward tenía razones para temer por la vida de la desaparecida: un vehículo fuera de la carretera, pertenencias abandonadas, noticias de su abatimiento. La búsqueda siguió concentrada en aquel paisaje. Yorkshire acabaría siendo la dirección correcta, aunque faltaban todavía una localidad, un hotel y alguien que reconociera a la huésped.
Arthur Conan Doyle
Arthur Conan Doyle dispone de un guante de Christie. El domingo 12 de diciembre lo presenta al médium Horace Leaf. Confía en la psicometría: la supuesta capacidad de obtener información sobre una persona a través de un objeto suyo. Leaf debe averiguar algo de la desaparecida sin recorrer los alrededores del coche.
La intervención prolonga una convicción pública de Doyle. En 1918 había publicado La nueva revelación, una defensa del espiritismo. El escritor que había enseñado a sus lectores a seguir las observaciones de Sherlock Holmes creía también que los médiums podían aportar pruebas de una realidad invisible. El guante ofrecía una ocasión para aplicar esa creencia a una urgencia concreta.
Leaf pronuncia el nombre de Agatha, asegura que está viva y anuncia noticias para el miércoles. Así lo cuenta William Linton Andrews en The Leeds Mercury del 21 de diciembre, reproducido por The Arthur Conan Doyle Encyclopedia. Doyle considerará satisfactorio el resultado. Andrews objetará que la identificación ocurrió el martes; el escritor se enteró al día siguiente. La consulta no había proporcionado el nombre de Harrogate ni una dirección.
Dorothy L. Sayers
Dorothy L. Sayers se acerca al escenario del coche abandonado. Giles Milton recoge la visita en HistoryExtra: la creadora de lord Peter Wimsey intenta encontrar indicios en Newlands Corner. Su intervención no produce una pista conocida que conduzca hasta Christie.
Ambas escritoras están construyendo sus carreras en el relato policial. Sayers ha presentado a Wimsey en 1923 y todavía compagina sus libros con el trabajo en una agencia de publicidad, según su sociedad literaria. Acude a un lugar ya examinado por agentes y recorrido por voluntarios. Su participación conserva esa escala: una colega que va al terreno para intentar ayudar, sin protagonizar una investigación paralela.
Los periodistas
El Daily News ofrece cien libras de recompensa, según BBC Countryfile. Los periódicos publican retratos, siguen los rastreos y reciben avisos. Cada jornada exige novedades aunque la búsqueda siga sin resolver el paradero de la escritora.
El 11 de diciembre, el propio Daily News plantea que podría haberse disfrazado mediante un cambio de peinado y unas gafas. Archie ha hablado de la capacidad de su esposa para desaparecer si quisiera. La condición de novelista alimenta sospechas sobre una ausencia deliberada. Mientras se discuten sus posibles intenciones, sus fotografías llegan a lectores que nunca han estado en Newlands Corner.
Bob Tappin y Bob Leeming
Bob Tappin y Bob Leeming forman parte de la orquesta del Swan Hydropathic Hotel de Harrogate, en Yorkshire. Ambos advierten el parecido de una huésped con la escritora buscada y avisan a la policía local. Tison Pugh recoge la intervención de los dos en Understanding Agatha Christie, capítulo 2. La pista llega desde el hotel donde ella se aloja.
El 14 de diciembre, Archie identifica allí a su esposa. Agatha Christie ha permanecido desaparecida once días, desde la noche del 3. Se ha registrado como «Teresa Neele, de Ciudad del Cabo», nombre recogido por el British Newspaper Archive. Neele es el apellido de Nancy, la amante de Archie. Esa elección no basta para establecer qué se proponía Christie ni qué recordaba entonces.
La explicación que ofrece el marido es la pérdida de memoria, respaldada después por médicos. Por qué desapareció Agatha Christie sigue sin tener una respuesta demostrada. El Royal College of Psychiatrists considera que hay indicios compatibles con una amnesia disociativa, pero señala que faltan historias clínicas para alcanzar certeza.
Christie dio su propia versión al Daily Mail el 16 de febrero de 1928. Contó que había leído las noticias y observado su parecido con la mujer buscada: «Nunca se me ocurrió que pudiera ser ella», en traducción de su testimonio. Describía una pérdida de identidad; quienes la reconocieron veían un rostro que ella decía no reconocer como propio.
La película Agatha, de 1979, y las posteriores ficciones televisivas añadirían sus argumentos al episodio. Christie escogió otro cierre. Como recuerda History Hit, lo omitió en su autobiografía, publicada en 1977. Allí están los años de su vida, ordenados por ella. Aquel diciembre no está.
