Doce mil florines. Esa fue la cantidad que recibió Sofie Hess después de la muerte de Alfred Nobel a cambio de entregar sus cartas y comprometerse a no hablar públicamente de su relación. Ragnar Sohlman, albacea del inventor, negoció el acuerdo. La Fundación Nobel adquirió el epistolario y lo mantuvo fuera del alcance de los investigadores hasta 1976. La operación figura en la introducción de A Nobel Affair, de Erika Rummel (University of Toronto Press, 2017).

Las cartas explican una historia que no aparece en las ceremonias de Estocolmo. Alfred Nobel, inventor sueco nacido en 1833, nunca se casó ni tuvo hijos conocidos. En 1876, cuando tenía cuarenta y tres años, conoció en Baden, cerca de Viena, a Sofie Hess, empleada de una floristería. Ella procedía de una familia judía de Celje y había nacido en 1851. La relación duró, con transformaciones profundas, hasta la muerte de Nobel en 1896.

1877 · Viena: una declaración firmada

Antes de las cartas amorosas hubo una precaución escrita. El 10 de septiembre de 1877, Hess firmó una declaración en la que reconocía que Nobel le había aconsejado regresar con su padre a Celje y que él no era responsable de que ella decidiera otra cosa. La reproduce Rummel en su introducción, nota 33, citando a Vilgot Sjöman. El documento no prueba por sí solo qué temía Nobel; sí demuestra su deseo de dejar constancia de que la decisión de Sofie era voluntaria.

La joven se instaló en París en viviendas alquiladas por él: primero en la rue Newton y después, desde 1880, en la avenue d’Eylau. Nobel viajaba continuamente por negocios y escribía durante sus ausencias. Las primeras cartas contienen ternura, diminutivos y añoranza. También instrucciones sobre cómo debía emplear su tiempo.

1877-1878 · París y los viajes: carta 24

El afecto no resolvió una diferencia que Nobel consideraba decisiva. En la carta 24 escribió que buscaba a alguien con quien compartir su vida, pero que no podía ser una mujer cuyos intereses intelectuales y manera de entender el mundo apenas coincidieran con los suyos. Es una declaración de incompatibilidad, no una explicación universal de por qué nunca se casó. Rummel señala que inicialmente pudo considerar el matrimonio: llegó a proyectar presentar a Hess a su madre (carta 10).

En la práctica, mantenía dos expectativas difíciles de conciliar: quería compañía doméstica, pero también una mujer formada a su medida. Pagó alojamiento y educación; corregía incluso el francés de Sofie. La distancia entre el protector y la pareja comenzó pronto a hacerse visible.

1879-1881 · La desconfianza: carta 35

En 1879 surgieron sospechas sobre una relación de Hess con Emmanuel, sobrino de Nobel. Emmanuel y el padre de Sofie rechazaron la acusación. La pareja se reconcilió aparentemente hacia 1881. Entretanto, las cartas muestran un tono crecientemente despectivo. En la número 35 Nobel le reprocha, en traducción de la edición de Rummel: «Ni trabajas, ni escribes, ni lees, ni piensas».

La frase dice algo sobre Sofie, pero mucho más sobre quien la escribió. Nobel pretendía educarla y, cuando no obtenía el resultado deseado, convertía su frustración en censura. Hess, por su parte, disfrutaba de los viajes, los balnearios y las compras que él había hecho posibles. Dependía económicamente de una persona que al mismo tiempo la sostenía y juzgaba.

Década de 1880 · El precio de la compañía: carta 43

En la carta 43, Nobel se presenta como un hombre que ha sacrificado su vida intelectual, su reputación y su trato con el mundo culto por aquella relación. No es una contabilidad objetiva: es la versión de quien se siente perjudicado y desea que la destinataria lo sepa.

El inventor trabajaba sin descanso, padecía dolencias recurrentes y se quejaba de la soledad. Pero las cartas permiten distinguir la soledad de su carácter reservado de la que él atribuía a Hess. La historiadora recuerda que Bertha von Suttner también lo describió como un hombre poco sociable, dedicado al trabajo y contrario a las conversaciones triviales. La correspondencia con Suttner, tratada en otro artículo de Buscabiografías sobre Nobel, pertenece a una relación muy distinta.

Hacia 1884 y después · El apellido y los prejuicios: carta 126

La intimidad produjo otra contradicción: Nobel se quejaba de que Sofie utilizase su apellido, aunque él mismo le había escrito como «Madame Nobel» (carta 32). A medida que la relación se deterioraba, aparecieron observaciones antisemitas sobre la familia Hess. Rummel remite, entre otras, a las cartas 126, 146, 177, 181 y 193.

El prejuicio no puede reducirse a una disputa doméstica. Hess era de ascendencia judía y el antisemitismo crecía en Viena y París. En una de las cartas, reproducida por Nathan Ron en Haaretz (15 de julio de 2018), Nobel atribuye a los judíos un egoísmo colectivo y la voluntad de aprovecharse de los demás. La generalización racista aparece incluso acompañada de una concesión sobre sus supuestas buenas cualidades. Rummel señala asimismo que Hess llegó a emplear expresiones antisemitas y que se convirtió al protestantismo en 1894. No se trata de equiparar sus posiciones, sino de situar ambas en el ambiente social que documenta el epistolario.

1891 · La hija de Sofie: carta 161a

A comienzos de 1891 Nobel supo que Hess estaba embarazada de otro hombre. En julio nació Margarethe. El padre era Nikolaus Kapy, con quien Sofie acabaría casándose. Nobel declaró terminada la relación en la carta 161a. Sin embargo, siguieron viéndose y escribiéndose. La ruptura sentimental no acabó con los compromisos económicos.

Desde entonces predominaron las peticiones de dinero, los reproches y las negociaciones. Hess no había conseguido independencia financiera. Tampoco se limitó a obedecer: buscó garantías para su futuro, negoció por medio de su padre y pidió a Nobel que opinara sobre su posible matrimonio con Kapy (carta SH 13). En 1894 quedó sometida a una administración tutelar de sus fondos. La relación de poder era real, pero las cartas no autorizan a reducir a Sofie a una figura pasiva.

1895-1896 · La última correspondencia: carta 197

En la carta 197 Nobel llegó a sostener que una familia de cuatro personas podía vivir cómodamente con dos mil florines al año. La comparación aparece en Rummel, introducción, nota 3. Sirve para entender sus quejas sobre el gasto de Hess, aunque no constituye una estadística general del coste de la vida. En 1895 él comunicó a su abogado que no deseaba seguir correspondiéndose con ella. La serie conservada alcanza 1896, año de su muerte en San Remo.

Sofie había pedido una anualidad de diez mil florines; el testamento le concedió seis mil. Después ofreció vender las cartas a la Fundación Nobel. Sohlman negoció un pago adicional de doce mil florines y el compromiso de que no difundiera públicamente su relación. Rummel atribuye el pago a la Fundación; un artículo de Haaretz especifica «florines húngaros», precisión monetaria que conviene contrastar antes de incorporarla como denominación definitiva.

Las 221 cartas de Nobel y las 41 de Hess quedaron en poder de la Fundación. La edición de Rummel, primera traducción inglesa completa, apareció en 2017. Sofie Hess murió en 1919. Los documentos habían pasado a los Archivos Nacionales de Suecia y quedaron accesibles a los investigadores en 1976.

Fuentes: Erika Rummel (ed. y trad.), A Nobel Affair: The Correspondence between Alfred Nobel and Sofie Hess, University of Toronto Press, 2017, introducción, pp. 3-19 y cartas indicadas; Ragnar Sohlman, The Legacy of Alfred Nobel, citado por Rummel; Nathan Ron, Haaretz, 15-7-2018; inventario de los archivos de la familia Nobel presentado ante la UNESCO.