Una oveja que no debía quedarse
Mariucha nació negra en La Alberquilla, una finca de la vega del Tajo que frecuentaba Benito Pérez Galdós. En aquel rebaño se prefería la lana blanca. Según recordaba Gregorio Marañón, el color de la cordera la destinaba al sacrificio. El escritor intervino para salvarla y se la llevó a Madrid.
El autor de los Episodios nacionales y de Fortunata y Jacinta tenía en Toledo amigos, recorría sus calles y encontraba materiales para sus novelas. La Alberquilla le ofrecía también la vida del campo. Mariucha salió de ese entorno para entrar en una casa madrileña y convertirse en una presencia familiar.
Una compañera con nombre
Marañón cuenta que la cordera seguía a Galdós por las habitaciones como un perro. Había conocido al novelista y dejó el recuerdo en «Galdós en Toledo», uno de los capítulos de Elogio y nostalgia de Toledo.
En la vida doméstica de don Benito había sitio para muchos animales. Sus perros se llamaban Secretario, Polo o Albrit; en San Quintín, su casa santanderina, los gansos respondían a los nombres de Rinconete y Cortadillo. También daba migas a los pájaros. Entre aquellos compañeros, Mariucha tenía la particularidad de proceder de un rebaño del que había estado a punto de desaparecer.
La cordera creció. Según el relato de Marañón, ese fue el motivo de que la devolvieran a la finca. Allí se reunió de nuevo con las otras ovejas.
La lana que llegaba cada primavera
Después de su regreso, cada primavera enviaban desde La Alberquilla a la casa de Galdós el vellón negro de Mariucha. Marañón recuerda la alegría con que lo recibían y cuenta que, cuando el escritor visitaba la finca, la oveja lo seguía balando.
La lana que había condicionado su destino se había convertido en un recuerdo bienvenido. Mariucha ya no recorría las habitaciones de Madrid, pero su esquila conservaba un lugar en la vida de la casa.
Cuando murió, cesaron los envíos. Marañón evoca el duelo familiar con humor, como una de aquellas despedidas de animales en las que el afecto podía resultar cómico visto desde fuera.
En casa de Galdós, la lana negra de una oveja fue motivo de alegría.
Fuentes
- Gregorio Marañón, «Galdós en Toledo», en Elogio y nostalgia de Toledo. Edición de 1966, en la lectura publicada por APE Quevedo.
- Carmen Bachiller, «Benito Pérez Galdós, el mapazán, Ángel Guerra y la oveja toledana Mariucha», información sobre las investigaciones de Carmen Vaquero, 2018.
- Estudio biográfico sobre Galdós, Anales galdosianos, año VIII, 1973.
- Víctor Manuel Díaz Núñez de Arenas y Juan José Negro, «Oveja negra, cordero blanco», Arbor, 199(807), a696, 2023.
