Filósofo griego
Conocido por: el método socrático y su influencia en la ética occidental
Padres: Sofronisco y Fenáreta
Cónyuge: Jantipa
Hijos: Lamprocles, Sofronisco y Menéxeno
Personas vinculadas a su círculo: Platón, Jenofonte, Antístenes, Alcibíades y otros autores socráticos
Obras escritas: ninguna
Sócrates nació hacia el 469 a. C. en Alopece, un demo situado en las proximidades de Atenas. Filósofo griego, convirtió el examen de las creencias, la conducta y la virtud en el centro de su actividad intelectual. No escribió ninguna obra, de modo que cuanto se sabe de su vida y de sus ideas procede de testimonios ajenos, principalmente de Platón, Jenofonte y Aristófanes, a los que posteriormente se sumó Aristóteles.
Las diferencias entre estas fuentes originan el llamado problema socrático: resulta difícil determinar qué pertenece al Sócrates histórico y qué fue elaborado por quienes escribieron sobre él. El Sócrates de Platón aparece como un interrogador filosófico de enorme profundidad; el de Jenofonte adopta con frecuencia un perfil más práctico, moralizador y preocupado por consejos aplicables a la vida cotidiana. Aristófanes, por su parte, lo convirtió en objeto de sátira. Ninguno de esos retratos puede identificarse sin más con el personaje histórico.
Orígenes y formación
Fue hijo de Sofronisco y Fenáreta. Su padre aparece en la tradición antigua relacionado con el trabajo de la piedra, aunque los detalles sobre su oficio no pueden establecerse con plena seguridad. Platón presenta a Fenáreta como comadrona, circunstancia que más tarde serviría para comparar la actividad filosófica de Sócrates con una forma de «mayéutica»: ayudar a otros a alumbrar y examinar sus propias ideas.
Recibió la educación propia de un ciudadano ateniense de su época, que incluía lectura, escritura, música, gimnasia y preparación militar. Algunas tradiciones posteriores lo hicieron escultor o cantero e incluso le atribuyeron determinadas obras, pero no existe base suficientemente firme para considerar demostrada esa actividad profesional.
Sócrates vivió durante el periodo de esplendor de la Atenas de Pericles y también durante su profunda crisis posterior. Presenció la guerra del Peloponeso, la derrota frente a Esparta, el gobierno oligárquico de los Treinta y la restauración democrática. Ese contexto político influyó decisivamente en las circunstancias que rodearon sus últimos años.
Soldado y ciudadano
Como ciudadano ateniense cumplió obligaciones militares y sirvió como hoplita en Potidea, Delio y Anfípolis. Los relatos antiguos destacan especialmente su resistencia física y su serenidad en combate. Platón atribuye a Alcibíades el recuerdo de su actuación en Potidea y de su comportamiento durante la retirada de Delio.
También desempeñó funciones públicas. En 406 a. C., cuando pertenecía al Consejo y se discutía el destino de los generales relacionados con la batalla de Arginusas, se opuso al procedimiento colectivo utilizado contra ellos por considerarlo contrario a la legalidad. Más tarde, durante el régimen de los Treinta, se negó a cumplir la orden de participar en la detención de León de Salamina, destinado a ser ejecutado.
Ambos episodios son relevantes porque muestran a un Sócrates difícil de encuadrar políticamente: se enfrentó a decisiones de la democracia y también desobedeció a una oligarquía cuando entendió que sus exigencias eran injustas.
El oráculo de Delfos
En la Apología, Platón sitúa un episodio fundamental en el origen de la actividad filosófica de Sócrates. Su amigo Querofonte habría preguntado al oráculo de Delfos si existía alguien más sabio que él, y la respuesta fue negativa.
Sócrates, desconcertado porque no se consideraba sabio, trató de comprender el sentido del oráculo interrogando a políticos, poetas y artesanos. Encontró personas que poseían conocimientos reales en determinados ámbitos, pero también observó que muchas creían saber aquello que en realidad ignoraban.
De esta experiencia surgió uno de los rasgos más característicos de su figura: la conciencia de la propia ignorancia como punto de partida de la investigación. La conocida fórmula «solo sé que no sé nada» no aparece literalmente en los textos conservados, pero resume de manera aproximada esa actitud: Sócrates no afirmaba carecer de todo conocimiento, sino desconfiar de la falsa seguridad de quien cree saber sin haber sometido sus convicciones a examen.
Preguntar para poner a prueba las certezas
Sócrates desarrolló su actividad principalmente mediante conversaciones en calles, plazas, gimnasios, talleres y otros lugares de Atenas. No fundó una escuela formal ni cobraba por enseñar, lo que lo diferenciaba de los sofistas profesionales con quienes fue asociado por algunos contemporáneos.
Preguntaba qué eran la justicia, la valentía, la piedad, la amistad o la virtud y examinaba las respuestas mediante nuevas preguntas. Cuando una definición conducía a contradicciones, obligaba al interlocutor a revisarla. La interrogación socrática convertía la seguridad inicial en un problema que debía ser razonado.
Esta forma de examen terminó conociéndose como método socrático. No parece haber constituido una técnica rígida, sino una práctica basada en la pregunta, la refutación y la búsqueda de definiciones más consistentes. El término «mayéutica» quedó particularmente asociado a la imagen platónica de Sócrates como alguien que no transmite respuestas terminadas, sino que ayuda al interlocutor a descubrir las dificultades de sus propias ideas.
Aristófanes y la imagen pública de Sócrates
Mucho antes del juicio que acabaría con su vida, Sócrates ya era una figura conocida y controvertida en Atenas. En 423 a. C., Aristófanes lo caricaturizó en la comedia Las nubes como director de una especie de escuela de pensadores en la que se investigaban fenómenos naturales y se enseñaban recursos argumentativos capaces de convertir la causa peor en la mejor.
La caricatura mezclaba rasgos asociados a filósofos de la naturaleza y sofistas que no necesariamente correspondían al Sócrates histórico. Sin embargo, tuvo importancia en la construcción de su reputación pública. En la Apología, Platón presenta a Sócrates distinguiendo entre sus acusadores judiciales y unos «acusadores antiguos» que llevaban años difundiendo una imagen sospechosa de él.
La comedia no explica por sí sola su condena, pero ayuda a comprender que el proceso de 399 a. C. no apareció de improviso. Para una parte de los atenienses, Sócrates llevaba décadas asociado a una forma de pensamiento incómoda, irreverente y potencialmente perturbadora para los jóvenes.
Virtud, conocimiento y vida examinada
La preocupación fundamental atribuida a Sócrates fue moral: qué significa vivir bien y qué hace que una persona sea justa, valiente o virtuosa. Su actividad contribuyó decisivamente a situar el examen de la conducta humana y de la virtud en el centro de la filosofía posterior, aunque no fue el primero en ocuparse de estos asuntos: los sofistas y otros pensadores del siglo V a. C. habían reflexionado ya sobre educación, política, lenguaje y conducta.
En varios de los diálogos platónicos considerados más próximos al pensamiento socrático aparece una idea especialmente característica: la estrecha relación entre virtud y conocimiento. Si alguien comprende verdaderamente qué es el bien, tenderá necesariamente a actuar de acuerdo con él; quien obra mal lo hace porque se equivoca acerca de lo que realmente le conviene o acerca de lo que es bueno.
De ahí procede el llamado intelectualismo moral socrático. La conocida tesis de que nadie hace el mal voluntariamente no significa que las personas no cometan actos injustos, sino que, según este planteamiento, detrás del error moral existe finalmente algún tipo de ignorancia. La virtud no consiste simplemente en obedecer reglas: exige comprender el bien.
Esta concepción resulta paradójica porque parece dejar poco espacio a lo que posteriormente se llamaría debilidad de la voluntad: saber que algo está mal y hacerlo, pese a ello, dominado por el deseo o la pasión. Precisamente por eso, la relación entre conocimiento y virtud se convirtió en uno de los problemas más fecundos heredados de Sócrates.
Familia
Sócrates estuvo casado con Jantipa, con quien las fuentes antiguas lo presentan formando una familia. Se le atribuyen tres hijos: Lamprocles, Sofronisco y Menéxeno. La imagen posterior de Jantipa como mujer particularmente irascible procede en gran medida de anécdotas y construcciones literarias cuya fiabilidad resulta difícil de determinar.
Existe además una tradición antigua según la cual Sócrates habría mantenido una relación matrimonial o familiar con una mujer llamada Mirto, descendiente de Arístides el Justo. La historia es incierta y ya fue discutida en la propia Antigüedad. Platón y Jenofonte no mencionan a Mirto, mientras que autores posteriores ofrecen versiones contradictorias sobre si fue esposa de Sócrates, si lo fue antes o después de Jantipa o si ambas convivieron con él.
Algunas fuentes tardías intentaron explicar esta última posibilidad recurriendo a un supuesto decreto ateniense relacionado con la escasez de población, pero tanto la existencia precisa de esa disposición como su alcance y su aplicación al caso de Sócrates son discutidos. No es posible reconstruir con seguridad este aspecto de su vida privada.
El proceso contra Sócrates
En 399 a. C., Meleto presentó contra él una acusación de impiedad, apoyada por Anito y Licón. Se le imputaba no reconocer a los dioses de la ciudad, introducir nuevas divinidades y corromper a los jóvenes.
El proceso se desarrolló pocos años después de la derrota de Atenas y de la traumática dictadura de los Treinta. Algunos hombres vinculados al círculo de Sócrates, especialmente Critias y Alcibíades, habían desempeñado papeles muy controvertidos en la política ateniense. Aunque esas relaciones no formaban parte formal de la acusación, contribuyen a explicar el clima político y social en el que fue juzgado.
Según la Apología de Platón, Sócrates rechazó la imagen de corruptor y sostuvo que su tarea consistía precisamente en incitar a los atenienses a preocuparse menos por el dinero, el prestigio o el poder y más por la verdad, la sabiduría y el cuidado de sí mismos. Comparó su función con la de un tábano que impide que un gran caballo —Atenas— permanezca adormecido.
El jurado lo declaró culpable. Durante la fase destinada a determinar la pena no adoptó una estrategia particularmente conciliadora y llegó a sugerir irónicamente que, por los servicios que había prestado a la ciudad, merecía recibir manutención pública. Finalmente fue condenado a muerte.
Condena y muerte
Sócrates permaneció algún tiempo encarcelado antes de que pudiera ejecutarse la sentencia. En el Critón, Platón lo presenta rechazando la posibilidad de escapar que le ofrecían sus amigos. Su argumento es que haber sufrido una injusticia no autoriza a cometer otra y que huir supondría quebrantar las leyes de la ciudad a las que había pertenecido durante toda su vida.
Debe distinguirse aquí, como en otros aspectos de su pensamiento, entre el personaje platónico y lo que puede afirmarse con seguridad sobre el Sócrates histórico. El Critón constituye uno de los testimonios fundamentales sobre su decisión, pero no permite conocer literalmente todos los razonamientos que el filósofo pudo expresar ante sus amigos.
Sócrates murió en Atenas en 399 a. C., con unos setenta años, tras beber cicuta en cumplimiento de la sentencia. Platón reconstruyó sus últimas horas en el Fedón: rodeado de amigos, conversa sobre la muerte y el alma antes de tomar el veneno. Platón indica, sin embargo, que él mismo no estuvo presente aquel día.
Influencia
La muerte de Sócrates no dejó una doctrina unificada, sino numerosas interpretaciones. Platón convirtió a su maestro en protagonista de gran parte de sus diálogos; Jenofonte conservó un retrato más práctico y moral; Antístenes fue relacionado con los orígenes del cinismo, y Aristipo con la escuela cirenaica. Otros autores compusieron diálogos socráticos que solo se han conservado de manera fragmentaria o indirecta.
A través sobre todo de Platón, y posteriormente de Aristóteles y de las escuelas helenísticas, las preguntas socráticas sobre conocimiento, virtud, justicia y examen de la propia vida pasaron a formar parte de los problemas permanentes de la filosofía occidental.
La paradoja final de Sócrates es también la razón de que continúe siendo difícil de encerrar en una doctrina: no dejó un solo libro, no fundó una escuela formal y no conocemos directamente sus palabras. Su influencia procede, en buena medida, de haber convertido la pregunta y la objeción en una forma de vida filosófica.