En el Panteón Civil de Dolores, en la Ciudad de México, no hay una tumba identificada donde dejar flores a José Guadalupe Posada. Sus restos acabaron mezclados con los de otros muertos. Su calavera más célebre, en cambio, recibe cada noviembre flores, vestidos y rostros nuevos. El hombre perdió su sepultura; la imagen encontró un país entero donde quedarse.
¿Quién creó la Catrina?
José Guadalupe Posada fue el autor de la calavera con sombrero que dio origen a la Catrina. Nació en Aguascalientes en 1852 y aprendió un oficio que ponía imágenes al alcance de quienes no podían comprar cuadros: grabar dibujos para reproducirlos en papel.
En la capital trabajó para distintos impresores. Uno de sus principales clientes, Antonio Vanegas Arroyo, publicaba hojas volantes con canciones, noticias, relatos de crímenes y versos de muertos. El editor compraba los clichés y podía volver a imprimirlos con textos diferentes. Las imágenes de Posada tuvieron así varias vidas antes de entrar en un museo. El historiador Agustín Sánchez González describe ese trabajo independiente en «Los senderos de Posada», publicado por la UAM.
¿Por qué se llamaba «calavera garbancera»?
El nombre procede de las garbanceras satirizadas en una hoja de 1913: mujeres humildes a las que se reprochaba querer parecer de otra condición. La primera impresión conocida del grabado apareció después de la muerte de Posada, en Remate de calaveras alegres y sandungueras. La Secretaría de Cultura la sitúa en octubre de ese año; la fecha de ejecución de la plancha permanece incierta.
El encabezado de la hoja conservada anuncia:
«Las que hoy son empolvadas garbanceras, pararán en deformes calaveras».
La burla iba más allá del dinero. Según la interpretación recogida por Britannica, atacaba a mujeres que renegaban de su origen indígena y de su condición social al adoptar modas europeas. El polvo del rostro y la elegancia del sombrero formaban parte de esa apariencia. Los versos pertenecían al impreso del editor; Posada aportó la imagen.
Debajo del sombrero no hay una dama protegida por su posición: hay huesos. La calavera iguala lo que el vestido pretende distinguir. Con el tiempo, esa sátira contra la renuncia al origen terminaría convertida en una afirmación de identidad mexicana.

¿Quién le puso el nombre de Catrina?
El nombre está documentado en la monografía de Posada publicada en 1930, diecisiete años antes del mural que lo hizo célebre. Para entonces, el grabador empezaba a ocupar un lugar nuevo en el arte mexicano.
La recuperación había cobrado impulso en los años veinte. La Universidad de Hawái documenta que Jean Charlot conoció las hojas de Posada en 1921 y publicó en 1925 un artículo que atrajo la atención del mundo artístico hacia su autor. Sus estampas nunca habían dejado de circular.
Después llegó el libro de 1930, editado por Frances Toor, Pablo O’Higgins y Blas Vanegas Arroyo, con introducción de Diego Rivera. En la página 160 aparece el rótulo Calavera Catrina, según la investigación de Sánchez González. El nombre pertenece a esa edición; su autoría individual sigue sin establecerse.
En 1947, Rivera la convirtió en una figura de cuerpo completo en Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. La Catrina toma del brazo a Posada y de la mano al pintor representado como niño; detrás aparece Frida Kahlo. El catálogo de la Secretaría de Cultura documenta ese grupo central.
Rivera recordaba haber conocido a Posada durante sus estudios en San Carlos, en un taller cercano a la academia. Un estudio del CENIDIAP recoge ese recuerdo. En el mural, el adulto que pinta vuelve a ser niño junto al grabador: la escena convierte la admiración artística en una relación visible.
¿Cómo se convirtió la Catrina en símbolo del Día de Muertos?
Su difusión artística y su apropiación popular la incorporaron a la celebración: del grabado y el mural pasó a figuras artesanales, disfraces y rostros pintados. La mujer de apariencia europea terminó siendo reconocida dentro y fuera del país como mexicana.
Se incorporó a una festividad mucho más antigua y diversa. La UNESCO describe, para las comunidades indígenas, un encuentro con los familiares muertos donde confluyen prácticas prehispánicas y celebraciones católicas. La Catrina se sumó a las ofrendas y a la memoria familiar como una imagen moderna.
¿Qué pasó con los restos de José Guadalupe Posada?
Fue enterrado en una sepultura gratuita de sexta clase y, siete años después, sus restos pasaron a la fosa común. Sánchez González detalla esa secuencia en el catálogo de la exposición José Guadalupe Posada. El gran ilustrador de lo mexicano, citado por Cuartoscuro: al cumplirse ese plazo, nadie había reclamado los restos.
Posada había muerto el 20 de enero de 1913. El Ayuntamiento de Aguascalientes confirma que no pudieron recuperarse. Una imagen utilizada para ridiculizar a quienes querían parecer europeos acabó representando a México ante el mundo. Y el grabador que le dio rostro a esa muerte compartida sigue sin una tumba identificada donde recibir flores.
