En el cónclave de 1492, dos hombres que debían buena parte de su carrera a un tío papa aspiraban a convertirse en pontífices. Uno era Rodrigo Borgia; el otro, Giuliano della Rovere. Venció Borgia y tomó el nombre de Alejandro VI. Su rival tendría que esperar once años para ser Julio II. Los dos habían entrado en el colegio que elegía al papa gracias a un parentesco.

Mucho antes de los nepo babies del cine, Roma había convertido la promoción de familiares en un instrumento de gobierno: se repartían cargos públicos, rentas y autoridad sobre territorios. La palabra conserva esa historia. El español nepotismo viene del italiano, formado sobre nepote, ‘sobrino’ o ‘nieto’, cuyo origen es el latín nepos, nepotis, ‘sobrino’ o ‘descendiente’.

Rodrigo Borgia: el tío abre la puerta

El ascenso de Rodrigo Borgia, el futuro Alejandro VI, se aceleró cuando Alfonso de Borja, hermano de su madre, fue elegido papa en 1455 como Calixto III. La familia procedía del ámbito valenciano; en Italia, Borja se convirtió en Borgia.

Rodrigo estudiaba derecho canónico en Bolonia. El 20 de febrero de 1456, su tío lo creó cardenal en un consistorio secreto; meses después recibió públicamente el capelo. En 1457 obtuvo la vicecancillería de la Iglesia, un cargo central en la administración papal y muy lucrativo.

Calixto murió en 1458. Rodrigo conservó su posición y acumuló rentas y experiencia bajo otros pontífices. Cuando alcanzó el papado en agosto de 1492, llevaba 36 años como cardenal. Había sobrevivido políticamente a su protector y estaba preparado para favorecer a la siguiente generación.

Su hijo César Borgia recibió el capelo en 1493. Ese mismo año, el matrimonio de Lucrecia Borgia con Giovanni Sforza selló una alianza con aquella familia; su posterior anulación y las nuevas bodas siguieron los cambios de la política pontificia. El antiguo sobrino protegido utilizaba ahora carreras eclesiásticas y alianzas matrimoniales para afianzar a sus hijos.

Giuliano della Rovere: una carrera en cuatro meses

Giuliano se formó bajo la protección de su tío Francesco, un franciscano elegido papa como Sixto IV en agosto de 1471. En octubre recibió la sede de Carpentras; en diciembre fue creado cardenal. En unos cuatro meses, la elección del tío había transformado su carrera. Después llegaron otras sedes, beneficios y misiones diplomáticas.

La expansión familiar también arrastró al papado a conflictos sangrientos. Girolamo Riario, otro sobrino de Sixto IV, participó en la conspiración de los Pazzi contra los Médici, en 1478. Tras el asesinato de Giuliano de Médici y el fracaso del golpe, el papa se enfrentó a Florencia. Los intereses de los parientes podían acabar comprometiendo la diplomacia y las armas de la Iglesia.

Rodrigo y Giuliano terminaron compitiendo por la tiara. Tras la victoria de Borgia en 1492, della Rovere se enfrentó a Alejandro VI y buscó protección en Francia, desde donde alentó la intervención de Carlos VIII en Italia. Sus rivalidades formaban parte de una disputa entre potencias.

Alejandro murió en 1503. Lo sucedió Pío III, cuyo pontificado duró apenas unas semanas. El 1 de noviembre, Giuliano fue elegido papa como Julio II. Habían pasado casi 32 años desde que su tío le concediera el capelo.

La Sixtina también cuenta una historia de familia

La Capilla Sixtina lleva el nombre de Sixto IV, que promovió su renovación. Su sobrino Julio II encargó en 1508 a Miguel Ángel la pintura de la bóveda y la inauguró con una misa el 1 de noviembre de 1512.

Julio también recurrió a Rafael para decorar unas estancias distintas de las ocupadas por Alejandro VI: los Museos Vaticanos explican que rechazaba vivir en las habitaciones de su predecesor. El visitante que recorre esos espacios contempla también las consecuencias de una rivalidad entre dos antiguos sobrinos protegidos.

El parentesco como forma de gobierno

El papa era una autoridad religiosa y el soberano de un Estado. Administraba territorios, recaudaba ingresos y negociaba alianzas. En una corte atravesada por intereses de familias y potencias extranjeras, el parentesco ofrecía una lealtad especialmente estrecha.

Además, el papado era electivo: la muerte del pontífice podía traer otro equipo de gobierno y otra familia beneficiada. Esa incertidumbre alimentaba la prisa por asegurar patrimonio y posiciones. El nepotismo llegó a estructurar el funcionamiento de la corte, con cargos y competencias vinculados a los familiares del pontífice.

Con el tiempo, el cardenal nepote adquirió funciones comparables a las de un ministro principal. La promoción familiar se convirtió en un mecanismo de gobierno que permitía transferir recursos públicos al entorno del papa.

El sobrino también tenía sobrinos

Julio II fue coronado el 26 de noviembre de 1503. Tres días después creó cardenal a su sobrino Galeotto Franciotti della Rovere, que recibió su antigua iglesia titular de San Pietro in Vincoli y numerosos beneficios. En 1505 obtuvo también la vicecancillería.

La fortuna puede seguirse en los testimonios. A comienzos de 1505, el embajador veneciano Antonio Giustinian observaba que, en su primer año como cardenal, Galeotto había reunido unos 20.000 ducados de ingresos y seguía recibiendo beneficios. El historiador Paolo Cherubini recoge ese despacho en Treccani y añade que, tras obtener la vicecancillería, sus ingresos anuales alcanzaron unos 40.000 ducados, según una estimación contemporánea.

El protegido de Sixto IV repetía el mecanismo desde la cúspide. El cargo cambiaba de manos; la ventaja familiar encontraba otro beneficiario.

Una bula contra el negocio familiar

El 22 de junio de 1692, Inocencio XII promulgó Romanum decet pontificem. La bula prohibía favorecer a los parientes mediante donaciones de bienes de la Santa Sede y suprimía diversos cargos tradicionalmente ligados a ellos.

También fijaba un límite concreto: 12.000 escudos romanos anuales para el conjunto de determinados beneficios, oficios eclesiásticos y pensiones concedidos a los familiares elevados al cardenalato. Quedaban fuera del cómputo ciertas remuneraciones por cargos curiales y encargos temporales. La letra de la reforma muestra tanto el propósito de frenar el enriquecimiento como las excepciones que conservaba.

El favoritismo sobrevivió bajo otras formas. Rodrigo y Giuliano habían mostrado hasta dónde podía llegar: los sobrinos favorecidos acabaron administrando el mismo sistema de favores que había impulsado sus carreras. Una vez elegidos papas, les tocaba decidir qué pariente recibiría el siguiente capelo.