Josefa Ortiz de Domínguez

(08/09/1768 - 02/03/1829)

Josefa Ortiz de Domínguez

Insurgente mexicana

Nombre completo: María Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón

Sobrenombre: La Corregidora

Padres: José Ortiz Vázquez y Manuela Téllez Girón

Cónyuge: Miguel Domínguez

Familia: Catorce hijos en el hogar familiar, según diversas fuentes

Formación: Colegio de San Ignacio de Loyola, conocido como Colegio de las Vizcaínas

Reconocida por: Su participación en la Conspiración de Querétaro y por alertar a los insurgentes de que el movimiento había sido descubierto

Josefa Ortiz de Domínguez nació en la Ciudad de México el 19 de abril de 1773. Insurgente novohispana y figura central de la Conspiración de Querétaro, participó en las redes políticas que prepararon el levantamiento contra el gobierno virreinal y consiguió avisar a los conspiradores cuando las autoridades descubrieron el movimiento en septiembre de 1810. Su papel histórico fue más amplio que el célebre episodio del aviso: mantuvo contactos con los insurgentes después de iniciada la guerra, sufrió sucesivos encarcelamientos y conservó después de la independencia una posición política contraria al proyecto monárquico de Agustín de Iturbide.

Orígenes y formación

Fue hija de José Ortiz Vázquez y Manuela Téllez Girón. Las formas de los nombres y apellidos de sus padres presentan algunas variantes en fuentes antiguas, aunque las publicaciones institucionales más recientes utilizan generalmente esas denominaciones. Quedó huérfana durante la infancia y estuvo bajo el cuidado de su hermana mayor, María Sotero Ortiz.

Ingresó en el Colegio de San Ignacio de Loyola, conocido como Colegio de las Vizcaínas, una de las principales instituciones dedicadas a la educación femenina en la Nueva España. Allí recibió educación formal y conoció al abogado Miguel Domínguez, viudo y padre de dos hijas.

Las fuentes no son unánimes respecto a la fecha del matrimonio. Algunas lo sitúan en 1791, mientras otras investigaciones y publicaciones institucionales lo fechan en 1793. También existen diferencias acerca de la composición exacta de la familia: varias fuentes hablan de catorce hijos en el hogar de los Domínguez, mientras otras distinguen doce hijos de Josefa y las dos hijas que Miguel Domínguez tenía de una unión anterior. La propia correspondencia de Josefa durante su prisión aludió a una familia de catorce hijos.

Durante mucho tiempo se difundió que había nacido en Valladolid, actual Morelia, el 8 de septiembre de 1768. Sin embargo, la localización de su partida de bautismo en la parroquia de San Miguel Arcángel de la Ciudad de México documenta que María Josefa Crescencia fue bautizada el 22 de abril de 1773 y había nacido tres días antes. Este hallazgo ha llevado a adoptar el 19 de abril de 1773 como fecha de nacimiento en investigaciones recientes.

Querétaro y las redes conspirativas

Miguel Domínguez fue nombrado corregidor de Querétaro a comienzos del siglo XIX y la familia se estableció en esa ciudad. La crisis de la monarquía española provocada por la invasión napoleónica de 1808 favoreció la aparición de movimientos políticos que cuestionaban la organización del virreinato. Las posiciones de sus integrantes no fueron idénticas: algunos defendieron inicialmente formas de autonomía bajo la soberanía de Fernando VII y otros avanzaron hacia proyectos de ruptura con el dominio español.

Josefa y su marido estuvieron vinculados a las reuniones políticas de Querétaro. Entre los conspiradores se encontraban militares como Ignacio Allende y Juan Aldama, además de civiles y religiosos relacionados con distintos núcleos de oposición al gobierno virreinal. El sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla quedó también incorporado al proyecto insurgente.

Determinar el grado exacto de liderazgo de Josefa requiere cautela. Las acusaciones realistas llegaron a presentarla como una de las principales instigadoras y destacaron su participación en las juntas, pero procedían de funcionarios que trataban de identificar y perseguir a los responsables de la conspiración. Esos testimonios son importantes como evidencia de su actividad, aunque no justifican por sí solos considerarla directora del movimiento. La documentación permite describirla con mayor seguridad como conspiradora activa, intermediaria y transmisora de información, con capacidad para utilizar su posición social y sus relaciones en beneficio de la red insurgente.

Su participación también ilustra una dimensión más amplia de la actividad política femenina en la época. Excluidas de los principales cargos e instituciones formales, algunas mujeres de los sectores acomodados intervinieron a través de correspondencia, parentescos, tertulias, visitas y espacios domésticos que podían funcionar como puntos de circulación de noticias y contactos políticos. El caso de Josefa fue excepcional por su intensidad y consecuencias, pero formó parte de un contexto en el que la frontera entre vida doméstica y actividad política podía ser mucho menos rígida de lo que sugieren los relatos tradicionales.

El descubrimiento de la conspiración

La conspiración fue descubierta mediante una sucesión de denuncias. Entre quienes proporcionaron información a las autoridades figuró el capitán Joaquín Arias, que había participado en las reuniones, mientras el alcalde Juan Ochoa comunicó también acusaciones contra los implicados. Las autoridades presionaron al corregidor Domínguez para que investigara y registrara los lugares donde podían encontrarse armas y conspiradores.

La posición de Miguel Domínguez fue especialmente ambigua. Había compartido inquietudes políticas con los conspiradores, pero como corregidor estaba obligado a actuar en nombre del gobierno virreinal cuando se conocieron las denuncias. Intentó proteger su situación y la de su familia y encerró a Josefa para impedir que comunicara lo sucedido. Después del fracaso de la conspiración y de su propia detención se distanció de la lucha insurgente y llegó a colaborar con las autoridades en la defensa de Querétaro.

Josefa consiguió, pese al encierro, hacer llegar un mensaje al alcaide Ignacio Pérez para que los conspiradores fueran advertidos. El aviso alcanzó a los dirigentes de San Miguel el Grande y Dolores y contribuyó a que se adelantara el levantamiento. En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, Hidalgo, Allende y sus compañeros decidieron iniciar la insurrección.

La tradición popular convirtió los golpes con los que Josefa habría llamado la atención de Ignacio Pérez en uno de los episodios más conocidos de la Independencia mexicana. Las versiones difieren acerca de los detalles concretos de aquella comunicación, por lo que resulta más seguro separar el hecho documentado —que consiguió transmitir la advertencia— de los elementos que la narración patriótica fue incorporando posteriormente.

Detenciones y apoyo a la insurgencia

Tras el descubrimiento de la conspiración, Josefa y Miguel Domínguez fueron detenidos. Él fue recluido en el convento de la Cruz de Querétaro y ella en el de Santa Clara. Domínguez recuperó pronto la libertad y fue restituido temporalmente en su cargo; Josefa permaneció encerrada durante varias semanas y fue liberada el 22 de octubre de 1810.

La liberación no puso fin a su actividad. Mientras Miguel Domínguez se apartó de la insurgencia, Josefa continuó enviando y recibiendo comunicaciones y manteniendo contactos con partidarios del movimiento. Esta continuidad después de septiembre de 1810 constituye una de las pruebas más claras de que su intervención no se limitó al famoso aviso que precipitó el levantamiento.

A finales de 1813 volvió a ser acusada. El canónigo Mariano Beristáin informó al virrey Félix María Calleja de su persistente actividad política, empleando contra ella expresiones especialmente duras. Fue trasladada a la Ciudad de México y recluida en el convento de Santa Teresa la Antigua, pasando posteriormente al de Santa Catalina de Siena.

Durante su encarcelamiento reclamó conocer las acusaciones formuladas contra ella y pidió audiencia al virrey. En una de sus solicitudes expuso también la difícil situación de sus hijos y la frágil salud de su marido. La existencia de una familia tan numerosa añade una dimensión concreta a su trayectoria: su actividad política y sus años de prisión transcurrieron al mismo tiempo que afrontaba responsabilidades familiares que la separación y el proceso judicial hicieron especialmente difíciles.

El 16 de noviembre de 1816 fue condenada a cuatro años de prisión. El 17 de junio de 1817 recuperó la libertad por decisión del virrey Juan Ruiz de Apodaca.

Después de la Independencia

La consumación de la independencia en 1821 no supuso la aceptación por Josefa Ortiz del nuevo orden político. Cuando Agustín de Iturbide estableció el Imperio mexicano, rechazó incorporarse a la corte como dama de honor de la emperatriz Ana María Huarte. Su oposición, por tanto, no se había limitado al dominio español: alcanzó también al proyecto monárquico surgido después de la independencia.

En 1824 manifestó ante la junta encargada de las recompensas que no solicitaba premio por los servicios prestados durante la insurgencia. Diversos relatos de sus últimos años la relacionan además con ambientes liberales y republicanos, incluidos sectores radicales. Estos indicios permiten reconocer una clara oposición al modelo imperial, aunque la documentación disponible no permite reconstruir con igual precisión un programa político propio y sistemático ni atribuirle sin matices todas las posiciones de los grupos con los que se relacionó.

Muerte y legado

Josefa Ortiz de Domínguez murió en la Ciudad de México el 2 de marzo de 1829, a los 55 años. Sus restos fueron trasladados posteriormente a Querétaro, donde su memoria quedó estrechamente asociada a los acontecimientos que precedieron al inicio de la Guerra de Independencia.

Su figura fue convertida con el tiempo en uno de los grandes símbolos cívicos de México, un proceso que también simplificó parte de su trayectoria. La imagen de la mujer que mediante unos golpes logró avisar a los insurgentes ha tendido a eclipsar tanto los años posteriores de actividad clandestina como las incertidumbres acerca de su posición exacta dentro de la conspiración.

La documentación disponible no obliga a presentarla como jefa única ni como principal estratega de la Conspiración de Querétaro. Sí permite afirmar que fue una participante consciente y persistente, que aprovechó redes familiares, domésticas y políticas para transmitir información, continuó vinculada a la insurgencia cuando otros se retiraron y asumió por ello años de persecución y prisión. Su relevancia histórica se sostiene mejor sobre esos hechos comprobables que sobre la construcción posterior de una heroína sin matices.

*buscabiografias.com
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Miguel Hidalgo y Costilla

Padre de la patria, insurgente y sacerdote mexicano

nació en la hacienda de San Diego de Corralejo, cerca de Pénjamo, en la actual Guanajuato, el 8 de mayo de 1753.

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Biografía de Josefa Ortiz de Domínguez

Autor: Víctor Moreno, María E. Ramírez, Cristian de la Oliva, Estrella Moreno y otros
Website: buscabiografias.com
URL: https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/7791/Josefa%20Ortiz%20de%20Dominguez
Publicación: 12/10/2013
Última actualización: 02/10/2026

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