Charles Darwin

(12/02/1809 - 19/04/1882)

Charles Darwin

Naturalista británico

Principal aportación: Teoría de la evolución por selección natural.

Obra fundamental: El origen de las especies (1859).

Expedición: HMS Beagle (1831-1836).

Cónyuge: Emma Wedgwood.

Charles Robert Darwin nació en Shrewsbury, Inglaterra, el 12 de febrero de 1809. Fue el naturalista británico que desarrolló la teoría de la evolución por selección natural, una explicación científica de cómo cambian las especies y se diversifican a partir de antepasados comunes. Su libro El origen de las especies, publicado en 1859, transformó la biología y modificó profundamente la concepción del lugar del ser humano en la naturaleza.

Aunque su nombre quedó unido para siempre a la evolución, Darwin dedicó buena parte de su vida a estudiar rocas, fósiles, plantas, insectos y animales domésticos. Era un observador paciente, metódico y especialmente atento a los hechos que contradecían sus propias ideas. Tardó más de veinte años en presentar públicamente su teoría, consciente de las dificultades científicas que debía resolver y de la controversia que podía provocar.

Familia y formación

Pertenecía a una familia acomodada vinculada a la medicina, la industria y las ciencias naturales. Su padre, Robert Waring Darwin, era médico, y su madre, Susannah Wedgwood, procedía de una conocida familia de fabricantes de cerámica. Su abuelo paterno, Erasmus Darwin, había defendido ideas sobre la transformación de los seres vivos. Charles perdió a su madre en 1817, cuando tenía ocho años.

En 1825 ingresó en la Universidad de Edimburgo para estudiar Medicina, siguiendo los deseos paternos. Sin embargo, las operaciones quirúrgicas de la época le resultaban insoportables y terminó abandonando esos estudios. En Escocia se interesó por los invertebrados marinos y participó en investigaciones zoológicas junto a Robert Edmond Grant.

Su padre decidió entonces enviarlo a Cambridge para prepararse como clérigo anglicano. Allí encontró un ambiente más favorable a sus intereses científicos. El botánico John Stevens Henslow se convirtió en su principal mentor, mientras que el geólogo Adam Sedgwick contribuyó a su formación sobre el terreno. Por recomendación de Henslow, recibió una invitación para embarcarse en una expedición alrededor del mundo.

El viaje del Beagle

El 27 de diciembre de 1831, con 22 años, zarpó de Plymouth a bordo del HMS Beagle, comandado por Robert FitzRoy. La expedición tenía como objetivo principal realizar levantamientos hidrográficos y cartográficos. Darwin aprovechó el viaje, que duró hasta octubre de 1836, para recoger especímenes, estudiar formaciones geológicas y observar la distribución de los seres vivos.

En Sudamérica encontró fósiles de grandes mamíferos extinguidos que presentaban semejanzas con especies vivientes. Estudió los estratos de la Patagonia, examinó la cordillera de los Andes y presenció las consecuencias del terremoto de Chile de 1835. Aquellas observaciones reforzaron su convicción de que la superficie terrestre había cambiado durante periodos inmensamente largos.

Entre septiembre y octubre de 1835 visitó las islas Galápagos. Allí observó diferencias entre animales de islas próximas, especialmente entre los sinsontes. Los famosos pinzones también adquirirían importancia en sus investigaciones posteriores, aunque no descubrió de repente la selección natural durante aquella estancia, como suele contar una versión simplificada de su biografía.

El viaje le permitió reunir una enorme cantidad de información, pero también lo enfrentó a la esclavitud, especialmente en Brasil. Las escenas que presenció reforzaron su rechazo a aquella institución. Sus observaciones sobre la diversidad humana formarían parte, décadas después, de sus reflexiones sobre el origen común de nuestra especie.

Primero fue geólogo

Cuando regresó a Inglaterra, Darwin comenzó a adquirir prestigio principalmente por sus investigaciones geológicas. Sus observaciones habían llamado la atención de la comunidad científica incluso antes de que terminara el viaje. En 1836 ingresó en la Sociedad Geológica de Londres y desempeñó su secretaría entre 1838 y 1841.

Su relación con el geólogo Charles Lyell resultó decisiva. Las ideas de Lyell sobre la acción acumulativa de procesos naturales durante largos periodos influyeron en su manera de interpretar tanto la historia de la Tierra como la de los organismos.

Darwin publicó estudios sobre las formaciones volcánicas, la geología sudamericana y el origen de los arrecifes de coral. En 1842 presentó su explicación de cómo podían formarse atolones mediante el crecimiento de los corales alrededor de islas volcánicas que se hundían gradualmente. Su trabajo geológico constituye una aportación científica de primer orden, independiente de su posterior fama como teórico de la evolución.

Una teoría que tardó veinte años en publicar

En 1837 comenzó a escribir cuadernos dedicados a la transformación de las especies. Los estudios de sus colecciones, especialmente las observaciones realizadas por especialistas como el ornitólogo John Gould, le ayudaron a reconsiderar las relaciones entre organismos de distintas regiones.

En septiembre de 1838 leyó el Ensayo sobre el principio de la población, de Thomas Robert Malthus. La competencia por recursos limitados le sugirió un mecanismo para explicar por qué ciertas variaciones podían favorecer la supervivencia y la reproducción. La idea encajó con sus observaciones sobre las diferencias hereditarias y la selección practicada por ganaderos y agricultores.

Su teoría sostenía que los individuos de una población presentan variaciones heredables. Cuando algunas favorecen el éxito reproductivo en determinadas condiciones, pueden aumentar su frecuencia a lo largo de las generaciones. Así, sin necesidad de un propósito consciente, la selección natural puede producir adaptaciones y contribuir a la diversificación de las especies.

No era el primero en defender la transformación de los seres vivos. Jean-Baptiste Lamarck había propuesto anteriormente otra explicación evolutiva. La originalidad de Darwin residía en el mecanismo que desarrolló y en su esfuerzo por reunir pruebas capaces de sostenerlo.

En 1842 redactó un primer esbozo de su teoría y lo amplió en 1844. Confió sus ideas a un pequeño círculo de naturalistas, pero evitó publicarlas. En una carta a su amigo Joseph Dalton Hooker comparó la confesión de su creencia en la transformación de las especies con la de un asesinato. La expresión revela hasta qué punto comprendía el carácter provocador de sus conclusiones.

La demora no obedeció únicamente al temor a la controversia. Darwin desconfiaba de presentar una explicación tan ambiciosa sin disponer de suficientes pruebas. Investigó durante años, estudió los cirrípedos y reunió información sobre animales domésticos, plantas y variaciones hereditarias. Su correspondencia con científicos, criadores y observadores de distintos países fue una herramienta fundamental de investigación.

Emma Wedgwood y la vida en Down House

En 1838, mientras desarrollaba sus ideas evolutivas, Darwin se enfrentó a una decisión personal: casarse o permanecer soltero. En unas notas privadas organizó las ventajas e inconvenientes del matrimonio. Entre las primeras figuraban la compañía, los hijos y la vida familiar; entre las segundas, la posible pérdida de tiempo para investigar, viajar y leer. Terminó inclinándose por el matrimonio.

El 29 de enero de 1839 se casó con su prima Emma Wedgwood. Tuvieron diez hijos, de los cuales siete llegaron a la edad adulta. Emma fue una presencia fundamental en su vida y lo acompañó durante sus frecuentes problemas de salud. Sus convicciones cristianas contrastaban con el progresivo escepticismo religioso de Darwin, una diferencia que ambos trataron en su correspondencia.

En 1842 se instalaron en Down House, una residencia rural de Kent. Darwin convirtió la casa y sus jardines en un laboratorio. Cultivaba plantas, observaba insectos, experimentaba con semillas y solicitaba información a corresponsales de numerosos lugares. Su familia participaba ocasionalmente en estas tareas.

Su jornada seguía horarios bastante regulares. Trabajaba durante las primeras horas de la mañana, dedicaba tiempo a las cartas y realizaba paseos por un sendero de la propiedad conocido como Sandwalk, donde acostumbraba a reflexionar sobre sus problemas científicos. Las enfermedades recurrentes, con trastornos digestivos, fatiga y otros síntomas cuya causa exacta sigue sin esclarecerse, lo obligaban a interrumpir frecuentemente el trabajo.

La muerte de su hija Anne, en 1851, a los diez años, lo afectó profundamente. Pese a estas dificultades, mantuvo una actividad científica sostenida, apoyada en una rutina que combinaba observaciones minuciosas, experimentos sencillos y una correspondencia extraordinariamente extensa.

Wallace: el descubrimiento compartido

En junio de 1858 ocurrió algo que alteró sus planes. Darwin recibió desde el archipiélago malayo un manuscrito del naturalista Alfred Russel Wallace, quien había llegado de manera independiente a una explicación de la evolución extraordinariamente próxima a la suya.

Darwin quedó conmocionado. Llevaba aproximadamente veinte años investigando el problema y otro naturalista acababa de formular el mecanismo fundamental de su teoría. Escribió inmediatamente a Lyell y reconoció la sorprendente coincidencia entre el manuscrito recibido y sus propios trabajos anteriores.

La situación planteaba un problema de prioridad científica y de reconocimiento del trabajo independiente de Wallace. Lyell y Hooker organizaron una presentación conjunta de los textos de ambos investigadores ante la Sociedad Linneana de Londres, celebrada el 1 de julio de 1858.

Darwin no asistió. El 28 de junio había muerto su hijo menor, Charles Waring, de dieciocho meses, a causa de la escarlatina. En una carta a Hooker expresó su dolor y su incapacidad momentánea para ocuparse del asunto científico. La presentación tuvo lugar mientras la familia atravesaba aquella tragedia.

El procedimiento permitió reconocer las aportaciones independientes de Darwin y Wallace. Aunque el primero alcanzaría una notoriedad mucho mayor, ambos comparten el mérito histórico de haber formulado la teoría de la evolución mediante selección natural.

El origen de las especies

El 24 de noviembre de 1859 apareció El origen de las especies por medio de la selección natural. Darwin había renunciado temporalmente a publicar el extenso tratado que preparaba y reunió sus principales argumentos en un volumen más breve.

El libro explicaba cómo podían transformarse las especies mediante la acumulación de variaciones hereditarias favorables. Para sostener su teoría recurrió a la distribución geográfica de los organismos, el registro fósil, las semejanzas anatómicas, la selección artificial y las relaciones entre distintas formas de vida.

La obra suscitó un intenso debate científico, filosófico y religioso. En junio de 1860 tuvo lugar una célebre discusión en Oxford entre el obispo Samuel Wilberforce y el naturalista Thomas Henry Huxley, uno de los principales defensores de Darwin. La controversia adquirió posteriormente dimensiones legendarias, aunque los testimonios históricos muestran un enfrentamiento más complejo que la habitual representación de una simple victoria de la ciencia sobre la religión.

La evolución comenzó a ganar aceptación entre los naturalistas, pero la selección natural encontró mayores resistencias. Algunos científicos admitían el parentesco entre las especies sin considerar suficientemente demostrado el mecanismo propuesto por Darwin.

Una dificultad importante era la herencia. Darwin desconocía cómo se transmitían exactamente las variaciones entre generaciones. Si los caracteres hereditarios se mezclaban de manera uniforme, como suponían determinados modelos de la época, las nuevas variaciones favorables podrían diluirse rápidamente. Su hipótesis de la pangénesis, publicada en 1868, intentó explicar la transmisión hereditaria, pero no resultó correcta.

El origen del hombre y la selección sexual

En 1871 publicó El origen del hombre y la selección en relación con el sexo. Allí abordó directamente una cuestión que había tratado con prudencia en su obra anterior: el origen evolutivo de la especie humana y su parentesco con los demás primates.

También desarrolló la teoría de la selección sexual para explicar características relacionadas con la competencia reproductiva y la elección de pareja. Su interpretación abarcaba desde el plumaje de determinadas aves hasta diferencias físicas y conductuales entre los sexos.

El libro reflejaba asimismo algunas ideas dominantes en la sociedad victoriana. Darwin defendió la unidad de la especie humana y rechazó la esclavitud, pero sus escritos también incorporaron jerarquías raciales y supuestos sobre una presunta superioridad intelectual masculina que hoy carecen de fundamento científico. Estas contradicciones forman parte de su pensamiento y de los límites históricos de sus interpretaciones.

En 1872 apareció La expresión de las emociones en el hombre y los animales, donde estudió semejanzas entre las manifestaciones emocionales de distintas especies. Con ello amplió su investigación evolutiva al comportamiento y a aspectos de la vida psicológica.

Las plantas, las lombrices y sus últimos trabajos

Darwin continuó investigando campos muy diferentes. Estudió la fecundación de las orquídeas, las plantas trepadoras, las especies insectívoras y los movimientos vegetales. En Plantas insectívoras (1875) examinó cómo determinadas plantas capturan y digieren pequeños animales. Estas investigaciones ampliaron el conocimiento de la fisiología vegetal y de las adaptaciones biológicas.

Su último libro importante, La formación del mantillo vegetal por la acción de las lombrices (1881), trató el papel de estos animales en la transformación del suelo. El asunto podía parecer insignificante frente al origen de las especies, pero mostraba una constante de su pensamiento: procesos pequeños, repetidos durante periodos prolongados, pueden producir consecuencias de gran magnitud.

Su actitud ante la religión también había cambiado. Formado inicialmente dentro del cristianismo, terminó adoptando una posición de creciente escepticismo. En sus últimos años consideraba que la denominación de agnóstico describía mejor sus convicciones que la de ateo.

Muerte y legado científico

Charles Darwin falleció el 19 de abril de 1882 en Down House, Kent, a los 73 años. Fue enterrado el 26 de abril en la abadía de Westminster, en Londres, cerca de Isaac Newton. Entre sus distinciones figuró la medalla Copley de la Royal Society, recibida en 1864.

La biología posterior confirmó la importancia de la evolución y la descendencia común, aunque revisó y amplió distintos aspectos de la teoría original. Las investigaciones de Gregor Mendel, integradas décadas después con la selección natural y la genética de poblaciones, contribuyeron a la síntesis evolutiva moderna del siglo XX. Esta incorporó los mecanismos de la herencia que Darwin desconocía y permitió explicar la evolución con mayor precisión. También reconoció la importancia de otros procesos, como la deriva genética.

La aportación decisiva de Darwin consistió en encontrar un mecanismo natural capaz de explicar cómo se producen las adaptaciones y cómo pueden transformarse las poblaciones a lo largo del tiempo. Su influencia procede tanto de esa explicación como del método con el que la construyó: observar, comparar, experimentar y revisar las conclusiones ante nuevas pruebas.

Durante años había estudiado una idea que podía alterar profundamente la visión de la naturaleza y del ser humano. No llegó a resolver todos los problemas que planteaba, pero consiguió que el origen y la diversidad de las especies dejaran de depender exclusivamente de explicaciones especulativas y pudieran investigarse mediante pruebas científicas.

*buscabiografias.com
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Biografía de Charles Darwin

Autor: Víctor Moreno, María E. Ramírez, Cristian de la Oliva, Estrella Moreno y otros
Website: buscabiografias.com
URL: https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/6517/Charles%20Darwin
Publicación: 14/05/2011
Última actualización: 10/10/2026

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